La Habana, Cuba

El II Gran Premio de Cuba de Fórmula I, que se efectúa en el Malecón de La Habana, el 24 de febrero de 1958, organizado por el régimen de Fulgencio Batista para buscar popularidad, está considerado uno de los más peligrosos y sanguinarios que se recuerden en el circuito.

Luego de construir la Ciudad Deportiva, la Comisión Nacional de Deportes se vuelca por completo a la organización del torneo de Fórmula I, en el cual se inscriben los corredores más famosos del mundo, pero, en realidad, los organizadores cometen errores garrafales en el diseño general de la competencia.

En primer lugar, es permite a los pilotos cubanos competir frente a los todopoderosos Ferrari, Maserati, Porsche, Jaguar y Osca, con motores entre 1 500 y 4 900 cc., sin que antes hayan tenido una adecuada preparación, además, toman la salida una treintena de carros de distintas cilindradas cuando solo hay capacidad para 15 o 20.

Para colmo, el público se aglomera de amanera suicida en los bordes de la pista o abarrota los grandes palcos próximos a las curvas más escalofriantes y se hace coincidir la pugna internacional con carreras nacionales de motos y autos deportivos que maltratan y llenan de aceite el pavimento.

La primera víctima de tamaña imprevisión es el puertorriqueño Diego Ismael Veguilla Verdecia, cuyo Packard reconstruido choca en las primeras eliminatorias contra una farola situada en Malecón y Humboldt y se hace añicos. El cuerpo del joven as queda aprisionado entre un amasijo de hierro y es necesario usar varias poleas para sacar sus restos.

Por supuesto, este primer descalabro no amilana a los miembros de la novel escudería nacional patrocinada por Ferrari y muchos menos a las estrellas que se han dado cita en La Habana, entre quienes figuran el británico Stirling Moss, eterno subcampeón mundial, el estadounidense Masten Gregory, el sueco Jo Bonnier, el alemán Wolfgang Von Trips, el francés Jean Behra, el español Francisco Godia y el dominicano Porfirio Rubirosa, un playboy que hace estragos entre las actrices de Hollywood

El galo M. Trintignat sustituye a última hora al argentino Juan Manuel Fangio triunfador en el I Gran Premio de Cuba de 1957 y cinco veces ganador de la Fórmula 1, quien había sido secuestrado el día anterior por un comando revolucionario. En total se inscriben 32 conductores de 12 países. Todo un éxito.

Los gladiadores del asfalto deben dar cerca de 90 vueltas hasta completar 500 kilómetros a lo largo de todo el Malecón desde la Avenida de los Presidentes al Parque Maceo.

Pero, la fatalidad tiene un hambre feroz. Cuando más reñida está la lid, el Ferrari número 54 del debutante Armando García Cifuentes se sale de la pista en la sexta vuelta, en la calle Calzada, a unos 25 metros de la embajada norteamericana y, tras arrollar a un gran número de espectadores que saltan como muñecos de cuerda, se estrella contra una grúa. Hay 6 muertos y unos 40 heridos según cifras oficiales.

Jess Lozada indica en la revista Carteles que tras el accidente se suspende la pugna y se da como ganador a Stirling Moss, quien en ese momento marcha primero. La ciudad se enluta al perder a varios de sus hijos y nadie aplaude a los triunfadores. El Gran Premio de Cuba de Fórmula 1 tiene una nueva y última edición en 1960, tras el triunfo de la Revolución cubana del año anterior. Por fortuna, se usa un nuevo circuito.

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