Morelia, Michoacán
Parece una zona de batalla. Vidrios rotos, piedras, botellas, tubos están desperdigados sobre la calle Benito Juárez, a un costado de Palacio de Gobierno, mientras los elementos policíacos que poco antes resguardadan el sitio descansan.
Entre pláticas sobre los “putazos” que recibió uno u otro compañero, los agentes estatales comen. Algunos transeúntes recorren la calle peatonalizada y comentan sobre los daños visibles, que se concentran en Palacio de Gobierno.
No es el único lugar donde quedan los restos del enfrentamiento que este lunes protagonizaron policías estatales, docentes adscritos a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), pobladores de Nahuatzen y estudiantes normalistas. La avenida Madero Poniente continúa cerrada, mientras personal municipal recoge la basura generada por la creación y el lanzamiento de improvisados proyectiles y por materiales de curación.

Las puertas del Palacio de Gobierno lucen manchadas de verde por el uso de gas pimienta para tratar de disuadir a los manifestantes, y en el aire aun quedan indicios del picor que en la garganta y los ojos produce este gas.
No se permite el paso de automotores en el tramo de la avenida Morelos a la calle Guillermo Prieto y algunos policías se mantienen en las cercanías.
Los negocios que en las calles Allende y Virrey de Mendoza cerraron prestos sus puertas ante el avance de la confrontación han reabierto y exhiben una actividad cotidiana.

Un saldo de cinco profesores heridos dejaron los hechos, así como tres personas detenidas que en el corto plazo fueron liberadas. Entre ellas, el dirigente estatal de la CNTE, Gamaliel Guzmán Cruz. No hay estimación de policías heridos.
En las calles cercanas, la movilidad retorna a la normalidad, aunque aún no se descarta que los centistas busquen instalar el plantón que originalmente pretendían llevar a cabo y que habría sido el detonante de la confrontación.
Parece una zona de batalla, pero de a poco comienza el retorno a la cotidianidad.







