Emocionarte

Desde hace muchos años para los mexicanos, Estados Unidos se convirtió en la esperanza de vida que muchos anhelan tener a costa de lo que sea y han decidido ir en búsqueda del llamado “sueño americano”, que no es otra cosa que la idealización de llegar a una tierra prometida para obtener mejores oportunidades de vida.
Sin embargo, este “sueño americano” no empezó en México, su historia se remonta un poco más atrás cuando a finales del Siglo XV y principios del XVI se gestó en Europa un movimiento en dónde gente de diversos países deciden migran al “nuevo continente americano” a fin de encontrar refugio y nuevas oportunidades; esto sin contar que en el siglo XIX después de la guerra, miles de alemanes cambiaron su residencia con el mismo propósito. Así, se fue modelando la idea y la práctica para que ciudadanos de otros países fueran tomando la misma decisión, hasta llegar a lo que actualmente conocemos.
Ahora bien, el fenómeno de la migración ha ido incrementado en todas partes del mundo. En octubre del 2021, el periódico “El País” publicó que: “Más de 1.7 millones de personas fueron detenidas en la frontera, siendo los mexicanos el grupo que más cruces realizó entre octubre de 2020 y septiembre de 2021, comprendiendo 608.000 de mexicanos que fueron detenidos por autoridades fronterizas de Estados Unidos, según datos de la CBP”.
Para estás personas, la decisión de partir a otro país está lejos de la idea de aventura, está más pegada a la búsqueda de mejorar en su estilo de vida. Las formas en las que se realiza la migración para poder obtener un progreso económico oscilan en dos variantes: la primera de manera irregular y clandestina (indocumentada) que es la que en su mayoría se lleva a cabo y la segunda es de forma documentada, la cual es minoría.
La primera forma (indocumentada), puede ser generadora de escenarios provocadores de reacciones psicológicas y emocionales, puesto que desde el cruce para la migración hay un cúmulo de eventos que podrían ser traumáticos para diversas personas, toda vez que las reacciones psicoafectivas se deben al contexto de precariedad y los riesgos que sufre la persona migrante al encontrarse en un estado vulnerabilidad.
Capaz de lo mejor y lo peor, la sociedad norteamericana puede mostrarte en un instante sus dos caras y existen miles de experiencias de personas que viajan al país vecino para alcanzar ese “sueño americano” del que muchos hablan. Aquí comparto algunas de esas vivencias:
C: A mí el sueño americano me duró tres horas, ya que cuando llegue no tenía un lugar para quedarme con mis hijos, así que me quedé unos días con una tía, la cuál me dijo que tenía que buscar en dónde quedarme porque no me podía quedar mucho tiempo.
F: Para mí no era un sueño sino que las circunstancias me trajeron, en cuanto llegue me di cuenta que la cultura es totalmente diferente, me sentía sola, fue muy difícil y es muy diferente a México, lo del idioma fue frustrante y el tener que depender de alguien para comunicarte lo es más.
C: Aquí no es como allá, no hay gente empática, llegas y te frustra el idioma, no hay nada de lo que te imaginaste que sería, me sentía sola y después debes todo lo que presumes, realmente no existe el sueño americano.
A: Fue un cambio drástico, llegar a dónde nadie te conoce y en dónde no hablas el idioma, es difícil y triste.
Si bien, las anteriores sólo son algunas experiencias compartidas, existen otras miles de situaciones más e incluso millones de las cuales no sabemos, por ello es que en la actualidad existen diversos programas como: bienvenido paisano, mujer migrante, Plan Estratégico del Instituto Nacional de Migración 2019-2024, grupos Beta de protección a migrantes y el programa de repatriación, entre otros, que intentan de alguna manera aminorar la mala experiencia o ayudar en lo necesario.
Sin embargo, a pesar de que cada vez se trabaja más por asistir al migrante, aún no existe un programa de intervención psicológica para tratar las afectaciones emocionales que les produce el cambio radical al cual se someten en el momento de establecerse en un nuevo país.
Asimismo, es que el presente artículo también es un exhorto a los encargados del tema para generar un proyecto enfocado a los migrantes en su atención emocional. De tal modo que, al contar con apoyo de personas como la lic. Brenda Fraga con quien, miembros del Colegio de Psicólogos de Michoacán, hemos tenido acercamientos a efecto de trabajar en pro de proporcionar “apoyo emocional a distancia”, de lo cual se desprende que, serían muchos beneficiados.
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