LIBRE EXPRESIÓN

“La peor de las democracias es mil veces preferible a la mejor de las dictaduras”, Ruy Barbosa de Oliveira (1849 – 1923), escritor, jurista y político brasileño.

A mitad de camino, está claro que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha logrado su objetivo, tiene al país dividido.

Se aferró desde el principio a instalar su idea maniquea entre los buenos y malos, los que están con él o en su contra, no acepta la crítica y se ha empeñado en agudizar las crisis que padece el país.

Llegó con tal popularidad y respaldo ciudadano que pudo hacer historia favorable; en lugar de ello, sigue atrapado en un lejano pasado, en sus odios, y en su estómago; peor aún, empantanado en sospechas de corrupción, opacidad e impunidad.

Y, sin embargo, debe sentirse satisfecho porque no tiene oposición desde los partidos políticos, sumidos en el miedo y el pragmatismo, se han doblegado a un personaje al que increíblemente, parece que todos le tienen pánico. Situación que se repite en las entidades donde ya gobierna Morena.

Los intentos opositores surgen desde la sociedad organizada y los periodistas. Los primeros esbozos se encuentran en las redes sociales, como los del pasado viernes en Twitter, que por más que intente desacreditarlos el inquilino de Palacio Nacional, son un buen paso.

Por supuesto que no es suficiente, menos aún cuando López Obrador no sólo está enojado, ya está fuera de sí. No tiene el mínimo respeto por los marcos legales que rigen en nuestro país.

Su vehemencia en el ataque a Carlos Loret de Mola y Carmen Aristegui entre otros periodistas, es un atentado contra el gremio y más aún, contra libertades fundamentales para la democracia, descritas en los artículos sexto y séptimo de nuestra Constitución Mexicana.

Así que, si los ciudadanos deben estar alertas y organizándose para procurar un mejor país, los periodistas debemos insistir en encontrar coincidencias para hacerle frente a una de las peores épocas que ha padecido esta profesión.

López Obrador ha logrado su objetivo, tiene al país dividido, es tiempo de que ciudadanos organizados y periodistas encontremos maneras para defender las instituciones, libertades y la democracia perfectible de nuestro México, antes de que sea demasiado tarde.

Lo que no puede pasar, es que le sigamos al juego al inquilino de Palacio Nacional. El 2024 no está muy lejos y se acerca con matices autocráticos y dictatoriales.

Urge bajarle dos rayitas a la pasión y al odio para dar paso al razonamiento, la discusión y los acuerdos que permitan defender las instituciones, los derechos y las libertades que López Obrador intenta destruir.

México es más que un partido político o un personaje, urgen el diálogo y los acuerdos, a pesar del que cobra como presidente de México. Es tiempo de los ciudadanos

Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.

cmongem@hotmail.com

Deja un comentario