¿Y la Cheyenne, apá?

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Transformando

La semana pasada nos enteramos de la existencia de un testamento político con la finalidad de garantizar la gobernabilidad del país. Sin duda lo primero que deseo desde esta columna es que no se utilice ese testamento, pero no desde el punto de vista político, sino desde un buen deseo de salud para el presidente de la república.

Además, por el bien de país, necesitamos un presidente que continúe y termine su mandato constitucional para beneficio de la implementación de sus políticas públicas, que más allá de apoyarlas o no, son parte de un proyecto de nación, que si bien podemos juzgarlas en lo inmediato por su buena o deficiente implementación, el juicio real lo dará la historia, siempre esperando que el éxito de ellas sea en beneficio del país y no un alto costo que tendríamos que pagar aun después de que termine su mandato.

Dicho lo anterior y después de desear cabal y permanente salud al presidente López Obrador, me permito analizar la pertinencia de realizar y publicar dicho testamento, pero aún más, analizar el objetivo de esto, que en voz del presidente es para “garantizar la gobernabilidad”.

Desmenuzando, un testamento es un instrumento jurídico que se utiliza para legar los bienes que son propiedad de quien lo realiza. En un testamento no se pueden legar ideas ni propiedades ni cargos de los que no se tiene legítima propiedad, por lo tanto, un testamento político para garantizar la continuidad de un proyecto y mantener la gobernabilidad de un país, es como mínimo un exceso.

Me explico, quienes respetamos nuestro país, nuestras instituciones y nuestra constitución, sabemos que, para garantizar la gobernabilidad, existe claramente el artículo 84 de nuestra constitución, de la cual, aclaro por las dudas, nada ni nadie puede estar encima de ella, o como dicen los clásicos “al margen de la ley nada; por encima de la ley, nadie”, es decir, aun con mis buenos deseos de que no se ocupe, su aplicación sería inconstitucional y no permitida.

Por otro lado, más allá del mensaje mediático, no considero aceptable que México sea heredado como si fuera propiedad de un solo hombre, asignando incluso como albacea al secretario de Gobernación. El país, es de todas y todos, es de los mexicanos y no se puede legar como si fuera propiedad de un solo hombre, las ideas se pueden compartir, incluso intentar convencer, pero no se puede encargar la implementación y continuidad a alguien que no las cree y no las comparte.

Por supuesto que México necesita continuidad, adolecemos de visión a largo plazo y cada inicio de periodo se caracteriza por la denostación y cancelación de los proyectos del que se fue, generalmente motivada esta falta de continuidad por no avalar la gestión del antecesor. Apuesto por la continuidad, pero de proyectos y políticas públicas de beneficio general que nos hagan evolucionar como sociedad, no por el adoctrinamiento de ideas que no se comparten y que en el corto plazo, analizando indicadores, no han funcionado.

Respetemos las instituciones y mantengamos el enfoque a los problemas coyunturales del país que son más importantes que un testamento que pretendería pasar por encima de la Constitución.

Insisto…

¡Es tiempo de los ciudadanos!, responsables y respetuosos de las instituciones.

Abelardo Pérez Estrada
@abeperez
Empresario, analista político y expresidente de Canacintra

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