Foto: ACG

Morelia, Michoacán

Las primeras luces del día caen sobre los fieles que acuden al encuentro anual con la Virgen de Guadalupe.

Arrodillados, solos, en pequeños grupos de peregrinos, con la familia, vestidos con las tradicionales prendas indígenas… Todos con el corazón puesto a los pies de la Morena del Tepeyac, los devotos avanzan a lo largo de la calzada de San Diego hacia el Santuario de Guadalupe, cuyas puertas nuevamente están abiertas.

La senda de la fe está flanqueada por los comerciantes que desde hace cinco décadas se asientan en torno de la casa de la Guadalupana para vender cañas, antojitos mexicanos, bisutería, atoles, tamales, tacos (de cabeza o de adobada), entre otros.

Y voces que elevan oraciones y cánticos, sin olvidar el Santo Rosario, se escuchan entre las personas que caminan sobre la cantera de la calzada.

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Niños pequeños escuchan de sus padres y abuelos la historia que ha dado origen a esta tradición centenaria; adultos conversan sobre lo que habrán de desayunar en unos momentos más y adultos mayores recitan sus rezos con devoción.

Con el auxilio de quienes les ayudan con las cobijas para recorrer la fría piedra o completamente solos, animados únicamente por su fe, devotos avanzan de rodillas, mientras a su lado transitan personas con imágenes de la Virgen de Guadalupe entre sus manos.

Y para quienes olvidaron una vela, un rosario, unas flores, con qué acompañar su presencia a los pies de la Virgen Morena, los vendedores ofrecen los insumos necesarios.

Incluso, los juegos de azar están listos para aquellos que además de de sienten a la suerte de su lado.

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Es un camino largo, que el frío no hace más sencillo, el que los fieles realizan para llegar al Santuario de Guadalupe, donde el acceso es permitido entre medidas de prevención de contagios, como un aforo máximo, retiro de bancas y ofrecimiento de gel antibacterial.

La celebración eucarística de la mañana de este domingo 12 de diciembre está en pleno y los feligreses escuchan con atención las palabras del sacerdote, que implora por la paz para la población y el consuelo para los afligidos.

Y a la salida del templo, los fieles se encaminan nuevamente por la calzada de San Diego, no sin antes acudir a los puestos de antojitos mexicanos que ya se cocinan en los fogones humeantes y cálidos.

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