¿A favor de qué vida?

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Hija de mi madre

¿Han escuchado ese dicho que dice que la verdad no peca, pero incomoda? Bueno, pues hace apenas unos días volví a confirmar que es muy cierto, cuando por cuestiones del azar coincidí en un espacio de discusión con una persona portadora del pañuelo azul celeste, esas que dicen estar a favor de la vida, y la llamé públicamente “anti derechos” y eso creó una incomodidad notoria en ella, al grado de creer que era una falta de respeto, pero creo que más falta de respeto es inmiscuirse en los asuntos de la vida privada de las mujeres y creo fielmente que las cosas deben decirse por su nombre, aunque incomoden.

A finales de 1960 y gracias a las feministas de la segunda ola, en países como Reino Unido, Australia, China y Estados Unidos el derecho a la interrupción legal del embarazo fue reconocido en los ordenamientos jurídicos como un derecho humano con mayor o menor amplitud y en las siguientes décadas casi todos los países establecieron algún grado del derecho al aborto.

Para 2021 ya sólo 16 países del mundo prohíben en su totalidad el aborto, y la gran mayoría lo admiten sujeto a ciertas restricciones, quedando África y América Latina como las regiones con un reconocimiento más restringido del derecho al aborto.

El derecho a decidir es un derecho que no solamente reconocen la mayoría de los países, sino que organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) piden sean concebidos dentro de los instrumentos legales de los países y además sea abordado como un problema de salud pública y justicia social por considerar que su penalización supone una violación directa a los derechos humanos de las mujeres según el derecho internacional. Y sin embargo, en México seguimos teniendo 28 estados que siguen contemplando como delito el aborto voluntario en sus códigos penales.

Apenas hace 14 años se consiguió la despenalización parcial en el aborto voluntario en la Ciudad de México, permitiendo el acceso a un aborto legal, seguro y gratuito en las primeras doce semanas de gestación y tuvieron que pasar más de 10 años para que otro estado mexicano se les uniera en el reconocimiento a nuestro derecho y la progresividad pro persona de los derechos humanos, pero en menos de 2 años se unieron 5 estados más: Oaxaca, Veracruz, Hidalgo, Baja California, y apenas hace unos días Colima.

Aunado a eso, la Suprema Corte de Justicia de la Nación en septiembre de este año declaró inconstitucional la penalización del aborto, es decir, la ola de conciencia colectiva expresada en el feminismo está rindiendo frutos: estamos cambiando la legislación. Y claro, lo hacemos pensando siempre en todas las mujeres, sobre todo aquellas precarizadas que son quienes más pagan las consecuencias de la prohibición del aborto.

Esta persona que les comentaba en un inicio, dijo durante el debate que el derecho al aborto no es un tema prioritario para la legislatura actual ni para el gobierno estatal, y que no debería de serlo, pues, según su dicho, antes de la muerte por aborto clandestino, hay muchas otras causas de muerte en las mujeres michoacanas, como las enfermedades del corazón, diabetes y el cáncer, y aunque es cierto, esta fue la declaración que me pareció a todas luces alarmante y antiderechos. Una barbaridad para ser precisa. ¿A poco a una mujer que padece Lupus le vamos a decir que su tema no es prioritario pues otras mujeres se están muriendo de cáncer?

En Michoacán se practican 40,000 abortos por año, y de estos la gran mayoría son realizados en condiciones de inseguridad e insalubridad, pero todos ellos en clandestinidad, pero atención aquí, que eso no significa que la clandestinidad por sí sola sea una situación para que el aborto sea peligroso, pues, los abortos con medicamento -misoprostol y mifepristona- son sumamente seguros si son acompañados de manera correcta e incluso la OMS tiene publicado en su portal de internet un protocolo para aborto seguro en casa.

Incluso investigaciones recientes han evidenciado que, por sí solo, el misoprostol tiene una efectividad de entre el 75 y 85 por ciento para la inducción de un aborto y el costo por un aborto de este tipo no excede los 800 pesos, sin embargo, lo que es realmente una condena es el estigma social y moral que se nos impone desde la religión.

Ahora veamos, Michoacán es el número 6 a nivel nacional en embarazos adolescentes e infantiles, lo que en palabras claras debe decirse como niñas y adolescentes violadas y abusadas sexualmente, y según información de la Secretaría de Salud del estado, “Si una menor de 20 años se embaraza, tiene muchas más posibilidades de complicaciones porque el embarazo podría terminar antes de los nueve meses, que se tengan bebés prematuros, que tengan los bebés dificultad de respirar al nacimiento e incluso se les complique el embarazo con preeclampsia que es tener presión alta motivada por el embarazo, y que complica la salud de la mamá como el bebé”.

Así mismo, Michoacán es uno de los estados con mayor rezago educativo, incluida por supuesto, la educación sexual y en el mismo tenor, nuestro estado es una de las entidades más golpeadas por la pobreza, la inseguridad, delincuencia organizada y el abandono escolar. Así que, en un gran porcentaje, muchas de las mujeres embarazadas, y que continúan con sus embarazos, es porque no les queda de otra, porque no saben que tienen opciones, porque no tienen educación sexual y mucho menos acceso a métodos anticonceptivos.

Y seamos claros, en un estado como el nuestro, con las condiciones socioeconómicas y culturales que tenemos, un embarazo adolescente o no deseado, nos condena a maternidades forzadas, a parir sin desearlo, y a una vida que se enfrentara a retos mucho mayores a los que ya de por sí tenemos.

Así que seamos, claros, no son provida, claramente van en contra de derechos reconocidos a nivel internacional, es decir, son antiderechos de las mujeres; no sancionan el aborto, sancionan el derecho de la mujer a decidir, el derecho a gozar de su sexualidad, y no, no están a favor de la vida, por lo menos, no de una vida digna.

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