La criminalidad normalizada

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A plena luz del día, el chofer de un camión de transporte de mercancías es interceptado, bajado por la fuerza y su vehículo utilizado para bloquear la carretera. Y después, al estilo del crimen organizado, incendiado con bombas de fabricación casera.

Y no, no se trata de un narcobloqueo. Son estudiantes normalistas que, en Michoacán, gozan de imitar estas tácticas criminales –instauradas en zonas de disputa de los cárteles del narcotráfico- para imponer su ley.

Imitar las técnicas de la delincuencia organizada no acredita un nexo de las mafias con las escuelas normales, las cuales son semillero potencial de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la llamada CNTE, pero muchas veces –hay que decirlo- actúan como tal en sus formas y métodos de presión para obtener lo que quieren.

Y no, tampoco acredita ese nexo el que, en 2012, un operativo de la Policía Federal en la Escuela Normal Vasco de Quiroga, ubicada en Tiripetío, haya derivado en el aseguramiento de explosivos domésticos y propaganda de La Familia Michoacana, considerado uno de los cárteles más violentos que ha dado la historia del narcotráfico en México.

Tampoco es elemento de prueba, el que uno de los máximos y más mediáticos cabecillas que ha dado ese grupo delincuencial, detenido en 2015, haya sido maestro normalista antes de enrolarse en las filas del hampa.

Ni tampoco amalgama ese vínculo el que, en 2019, se hiciera público que los 22 alumnos egresados de la Licenciatura en Educación Secundaria de la Escuela Regional de la Tierra Caliente, en Guerrero, hayan tenido como padrino de generación al “El Pez”, como se apoda a quien en ese momento era identificado como presunto líder criminal en esa entidad.

Lo que sí es un hecho acreditado y documentado, es que al interior de estas escuelas normales los estudiantes no sólo llevan materias para enlistarse como maestros, primordialmente en las filas de la CNTE, sino que también reciben adiestramiento en fabricación y uso de bombas caseras -igual de letales que algunas industriales-, así como en técnicas de desestabilización mediante marchas, bloqueos, intercepción, retención y quema de vehículos.

Su destreza en estas materias tiene la constancia de toda una población, la cual se ve gravemente lesionada con cada atraco a la ley, que los aspirantes a docentes recetan cuando salen a las calles a mutar el derecho a la libre manifestación, por actos vandálicos y, en no pocas ocasiones, por actos a todas luces criminales.

Es, la de los normalistas, una criminalidad en flagrancia, ya normalizada y sin freno; una criminalidad sin castigo, demoledora -en consecuencia-, para la imagen, la economía, la estabilidad, el Estado de Derecho y la paz de Michoacán.

Cintillo

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