Historias del Tercer Mundo
“Vivimos de la desgracia ajena, nada se nos escapa”, 31 Minutos

Peor que una relación de pareja codependiente, violenta y brutal es la que tienen los medios de comunicación con la muerte y eso se pudo ver en la última semana con todo su esplendor, cuando la muerte de un adolescente se convirtió en una estridencia de videos “filtrados”, ora a favor de los policías, ora a favor del actor.
Hay ocasiones en que una muerte es momento de solmenidad, de respeto y de abrazos a los deudos, cuando los medios periodísticos colocan fotos en blanco y negro, comparten sus esquelas y desbordan respeto, como cuando muere el pariente cercano de un político.
En otros momentos se “solidarizan” con las víctimas y exigen justicia tiñendo sus portadas de morado y de símbolos feministas y sus redes con hashtags como #NiUNaMás. Esta solidaridad muchas veces se agota cuando asoma la indignación de la familia y las colectivas y se tiñen las preciosas paredes de aerosol.
Hay otros casos en que sólo guardan silencio o pasan sin apenas desviar la mirada, cuando se trata de ejecuciones diarias, de desaparición forzada o de crímenes en comunidades marginadas.
No obstante, la relación más tóxica se da cuando una celebridad muere y peor aun, en circunstancias violentas. Ahí no vale ningún código de ética o ley y no hay reparo en escarbar hasta lo más sórdido de los detalles de los últimos minutos del fallecido. “Revictimizar” es una palabra que se desconoce o que se pretende no conocer.
Cual buitres sobre su presa exprimen hasta el último dato, sugieren teorías, revuelan sobre los familiares y escarban hasta en el dato más inútil -habia una nota de Proceso que explicaba qué es el THC “sustancia que encontraron” en el cuerpo del joven, es decir, marihuana-, mientras el público, ávido de sangre, aplaude y replica todas esas “noticias” que no aportan nada.
Como los medios, la audiencia también es cómplice y como en las parejas violentas, voluble y hasta cierto grado impredecible, porque asi como los consumidores de noticias explotaron de indignación cuando un medio yutubero de Morelia decidió ir a recorrer el lugar donde fue encontrado el cuerpo de Jessica González, ahora babeaban como fieras hambrientas ante los videos en donde se veía que Octavio Ocaña “todavía movía las manos”.
Redes sociales como Facebook incluso sancionan ese tipo de contenidos y hay una ley que surgió poco después de que se expuso públicamente la escena y el cuerpo de una víctima de feminicidio. Los medios lo dieron a conocer. Los mismos medios que replicaron los videos. Los mismos que un día se indignan por una muerte y al otro exponen a los familiares. Los mismos que guardan silencio ante los miles de desaparecidos.
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