Foto: ACG

Morelia, Michoacán

Los primeros catrines aparecieron por el arco de Acueducto y los aplausos no se hicieron esperar. Metidos en sus personajes, la pareja que encabeza el contingente exhibía un rostro serio, con porte de superioridad y representando en su vestimenta la sátira a las clases sociales más privilegiadas del país, misma que plasmó José Guadalupe Posada cuando creó a la Catrina en 1912.

Como segundo elemento visual más celebrado durante el desfile en el que participaron 19 contingentes y 350 personas, se encontraban las tres mojigangas caracterizadas de calaveras, quienes al ritmo de música regional recorrieron la avenida Madero hasta llegar a la plaza Benito Juárez.

Para situar a la Catrina dentro del contexto histórico, nos tenemos que remontar a la época del Porfiriato, cuando el caricaturista José Guadalupe Posada se volvió una de las voces más críticas de la realidad social que se vivía en México.

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En un inicio, la figura era conocida como “La Calavera Garbancera” y se representaba a través de una mujer con ropa fina y elegante, quien al mismo tiempo, detrás de ese atuendo, se escondía una pérdida de identidad y una aspiración de dejar de lado las raíces indígenas para alcanzar el rango de persona europea.

La imagen del personaje se mantiene, pero el Desfile de la Catrina es una actividad que incursionó recientemente en el marco de la tradición de Noche de Muertos. Es decir, la actividad nació como un invento de Hollywood en 2015, cuando en la película “007: Spectre” se inicia la trama con un recorrido de Día de Muertos en la Ciudad de México.

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A partir de ese momento, esta escena peliculesca de James Bond se ha replicado cada año como parte de las actividades que se enmarcan en la tradición de la Noche de Muertos. La capital michoacana no es la excepción y en ese tenor, para esta edición se buscó combinar todos los elementos de la Catrina con la cultura michoacana.

Los asistentes que atiborraron las aceras pudieron ser testigos de los catrines que bailaban la Danza de los Viejitos, las pirekuas y el zapateado que se combinaban con la solemnidad del personaje que se rodea con veladoras.

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Pero también estaba la parte más moderna y alejada de cualquier tradición, como aquellos catrines que desfilaron arriba de una motocicleta de pista y que se acompañaban con música pop.

Al pelotón se sumó un perro xoloitzcuintle que atrajo las miradas, al igual que los niños, quienes eran los más felices saludando, sonriendo y presumiendo su maquillaje. Fue un desfile de más de una hora, donde la calaca fue la protagonista, pues como decía el propio José Guadalupe Posada:

“La muerte es democrática, ya que, a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”.

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