Foto: ACG

Morelia, Michoacán

En Santa Fe de la Laguna se tiene que estar listo con una ofrenda en las manos y el respeto en la mirada. Aquí, la tradición de la Noche de Muertos se traslada del cementerio a las casas, a la parte más íntima de una familia.

Desde la entrada a la comunidad indígena, las flores de cempasúchil adornan el callejón y los puestos ambulantes venden artesanías, llaveros, playeras y demás objetos que hacen alusión a esta zona de Michoacán.

Los hogares que se adornan con arcos de cempasúchil, tiringuinï en purépecha, son aquellos donde las familias esperan el regreso de sus difuntos con altares que no se cansan de recibir alimentos, bebidas y recuerdos que se hacen de un espacio en el altar.

Desde el 31 de octubre en Santa Fe de la Laguna se dedican altares monumentales a los “angelitos”; es decir, a aquellos niños que ya no están en el plano terrenal, pero que visitan este día a sus seres queridos.

Para el 1 de noviembre, la espera en familia es para recibir al “muerto del año”, lo que significa que se trata de alguien que partió de la vida en alguno de los doce meses recientes. Ya sea con música o simplemente conversando y compartiendo anécdotas, los comuneros pasan el día y la noche entre veladoras que acompañan la fotografía del difunto.

Algunos visitantes ofrecen fruta, pan o bebidas para solicitar autorización de ingreso a las casas. Ya estando adentro, los anfitriones ofrecen pozole batido, aguardiente, tequila, café y chocolate.

Mamá Coco

A raíz de que la película Coco llegó a los cines, María Salud Ramírez Caballero se ha convertido una de las personas más famosas y visitadas de la comunidad de Santa Fe de la Laguna.

En los puestos de la localidad, se venden libretas con su rostro, fotografías y llaveros con su nombre. Mientras que en la plaza principal, se indica con cartulinas dónde se encuentra la vivienda de la señora de 108 años.

A las afueras de su hogar, una lona de la película adorna la fachada y unas vallas intentan poner orden en las filas. Para no confundir a los visitantes, una cartulina precisa los horarios en los que se permite conocer a Mamá Coco y los grupos de turistas que ya tienen un espacio reservado para convivir con ella.

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