El día que Morelia se rompió: crónica de un feminicidio sin justicia

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Morelia, Michoacán

Aquel 25 de septiembre del 2020 todo era confusión y miedo. Las colectivas feministas que estaban a las afueras de Casa de Gobierno gritaban con más fuerza que nunca, mientras que la familia de Jessica González Villaseñor que se encontraba aturdida, desorientada y con horas interminables sin dormir, ingresaba al inmueble para que el gobernador del estado, Silvano Aureoles Conejo, los atendiera personalmente.

Las consignas no cesaban en la calurosa tarde, cuando un convoy de sirenas se escuchó a la distancia. A toda velocidad, las patrullas de la Policía Michoacán y unidades de la Fiscalía General del Estado (FGE) se abrieron paso sobre el circuito. Las miradas de todos los que ahí estaban fueron de lamento, tristeza y desesperanza. Algo se rompió ese día y la ciudad ya nunca más volvería a ser la misma.

“La encontraron en una tenencia”, alguien se atrevió a decir y la prensa se aglutinó desesperadamente para acudir a la tenencia de Atécuaro, pero la ubicación resultó ser falsa, la confirmación de la noticia no. “La #FGEMich informa que derivado de trabajos de investigación, esta tarde fue localizado el cuerpo sin vida de Jessica González Villaseñor, reportada como desaparecida en esta ciudad”, escribió la FGE desde su cuenta de Twitter.

Foto: Captura de pantalla

Cristo Villaseñor está encabronado. Frente a los micrófonos no duda en despotricar contra todo el aparato del Estado y sus instituciones. Pero a esa furia, también se ha sumado una alegre rebeldía. Durante las manifestaciones grita, salta bajo la lluvia, se abraza a la solidaridad de sus compañeras y canta a todo pulmón la ‘Canción sin miedo’ de Vivir Quintana.

Para Cristo, la fuerza de seguir caminando en la vida sale del propio recuerdo de su hermana: “Así era el espíritu de Jessica. Ella es la que nos sigue motivando, al final todo el dolor de la situación se transforma en fortaleza. Si no lo hiciéramos así, estaríamos traicionando completamente su personalidad y el quién era ella”.

Además de los cambios evidentes y cotidianos que conlleva la pérdida de un familiar, confiesa que es su pensamiento y su convicción lo que más se ha modificado. La mayor parte de su tiempo, lo invierte en la lucha social, en cobijar a otras familias que están viviendo una situación similar y visibilizar la ola de violencia que se vive en Michoacán y de manera general en el país.

Foto: ACG

Cuando pasen veinte años, se imagina haciendo exactamente lo mismo. Dice que se trata ya de una lucha personal que no tiene descanso ni fin. “Desafortunadamente cuando vives esta situación, ya empatizas porque antes no te pones en los zapatos de la vulnerabilidad que vive una mujer. Afortunadamente tenemos el acompañamiento en todo momento de las colectivas y esa reciprocidad existe también de nuestra parte, las acuerpamos y orientamos cuando es necesario”.

Cristo Villaseñor y Jessica solían ser unidos. Las anécdotas sobran, pero siempre se visualiza con ella haciendo todo juntos y casi siempre sin pelear. Lo mismo jugaban cuando eran niños que compartían rutinas de ejercicio ya de adolescentes. “Era parte de mi cotidianidad”, reflexiona. Los 21 de septiembre serán un día de lucha, pero el hermano ha tomado una decisión:

“También será una buena oportunidad para recordar la bella persona que era y esa forma que tenía de sonreírle a la vida”.

Días de ansiedad

“¿Y ustedes para qué van, nada tienen que hacer ahí? ¡Respeten!”, reprochó a los medios de comunicación aquella tarde Erika Huacuz González, vocera de la colectiva Matrioska. El reclamo era consecuencia de lo que calificó como días de ansiedad, donde era difícil observar a sus compañeras romperse ante una “injusticia tan terrible”.

Pero la molestia era justificada. En entrevista, la activista recuerda que la FGE violó el debido proceso y los protocolos al anunciarle primero a la prensa la confirmación del hallazgo del cuerpo sin vida de Jessica antes que a sus familiares.

“Estábamos indignadas, porque el hecho de que se le avisara primero a los medios de comunicación daba la posibilidad a la familia del feminicida de actuar. También es lamentable que aunque los familiares de Jessica se han mantenido en la denuncia, se le esté dando más peso a la posibilidad de que el responsable tenga derechos de réplica y la presunción de inocencia cuando las pruebas están a la mano”.

El caso de Jessica González lo sitúa como representativo, pero al mismo tiempo, reflexiona como un infortunio que los casos de feminicidio sean lo que las esté articulando como feministas, ya que argumenta que no existe nada más triste que saber que una compañera está en una situación de desaparición con la posibilidad de tener el peor desenlace.

Justicia

La mamá de Jessica, Verónica Villaseñor, ya no cree en nadie. Se le acercan policías y funcionarios para entablar diálogo, pero a esta altura no es suficiente. “Me siguen pisoteando”, expresa con una mirada que proyecta que ya no hay miedo y sí una desbordada rabia.

Por momentos da la sensación de que se va a quebrar, pero retoma la fuerza para seguir exigiendo a las autoridades: “No es posible que después de un año mi hija siga siendo una simple carpeta, que esté en la mesa de revisión. No han salido los amparos, es por eso que el proceso está detenido”.

Foto: Liliana Jiménez

A raíz de la muerte de su hija, cada semana, sin falta, Verónica acude a la FGE para conocer los avances del caso, pero también para presionar y exigir que las autoridades “hagan su trabajo”. Reconoce que ha habido amenazas y hostigamiento para que deje de hacerlo, pero ante la estrategia, sonríe irónicamente para dejar en claro que eso no le afecta en lo más mínimo.

Jessica sigue siendo todo para ella, por lo que simplemente advierte que no va a parar. Con contundencia dice que no le importa quiénes sean la familia de Diego, el dinero que tengan ni la cantidad de abogados que pongan en su defensa. Pero también es honesta, para ella no puede existir justicia de ninguna manera en un caso de feminicidio. Tras un silencio, lanza una pregunta que no tiene respuesta: “¿Quién me va a devolver a mi hija?”.

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