Morelia, Michoacán

No hubo mole. La pandemia no respetó tampoco la fiesta patronal de la tenencia de Santa María de Guido y la música de viento tuvo que ser reservada para otra ocasión.

Borrachos aislados y niños que intentan darle vida a la plaza principal. El panorama en este agosto es distinto a lo tradicional, no se advierten el olor de las cazuelas ni competencias por ver qué platillo es el ganador del año.

Se tiene que apelar a la memoria histórica. El historiador michoacano, Ramón Sánchez Reyna, relata que la fiesta de Santa María de Guido debe ser una cuestión icónica en la historia de Morelia porque se ha perdido el sentido del festejo.

“Santa María es un pueblo aparte de la ciudad, entonces la gente apartaba el día para subir allá. Primero para ir a misa las doce o una de la tarde en la capilla vieja que ahora ya está restaurada, es un ritual muy característico”.

No se puede situar el origen del mole en la capital, pero el académico opina que la tenencia ha sabido mantener la esencia del platillo tradicional, conservándolo con ese sabor dulce, picoso y con el adicional de ser cien por ciento de guajolote.

“Pero más allá de eso, los morelianos conservan un recuerdo que es subir a la tenencia, la salida era la hoy Ventura Puente, pasando el río, pasabas por Camelinas, por donde está el zoológico y vas subiendo, pero no te quedabas ahí, comprabas el mole y te ibas para atrás. Llegando para Lomas del Durazno, había un arroyo y ahí se bañaban los niños y demás”.

El 2021 ha pausado la tradición, pero para Ramón Sánchez los 15 de agosto son una ventana de oportunidad para que la tenencia se olvide de la invasión sociocultural de los ricos que habitan la parte alta de Morelia. Ese día, Santa María de Guido vuelve a ser otra vez ella.

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