A uno por 60 o dos por 100, los banquitos del recuerdo de la vacuna

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Morelia, Michoacán

Hay de a 60 pesos o de a dos por 100. Los bancos al estilo gobernador están de moda a las afueras de Palacio Nacional y también en las filas de vacunación contra el covid. El protocolo para obtener la inmunidad ante el virus también se ha convertido en una oportunidad de resarcimiento económico y de emprendurismo improvisado.

“Lleve, lleve su recuerdo de la vacuna y del covid porque se acaban”, ofrecía un joven que cargaba sobre sus hombros unos treinta bancos color verde y negro. Y no mentía, tras haber recorrido la avenida Quinceo, volvió con uno solo en sus manos.

Pero no sólo los negocios de plásticos que rodean el Poliforum se han visto beneficiados con las jornadas de vacunación, sino también aquellos que merodean en la informalidad o que simplemente buscan curar la otra secuela pandémica: la precariedad laboral.

Desde tortas, gelatinas, frutas, jugos, café, impermeables, sombrillas, tamales y hasta tacos de barbacoa y canasta; también al circuito interior se dieron cita los artistas urbanos, esos a los que se les acostumbra a ver normalmente por las calles del centro de la ciudad, pero que para esta ocasión decidieron cambiar de escenario.

Foto: ACG

Pequeñas victorias

“Wey, no creo que sea aquí”, repetía un incrédulo una y otra vez a su compañera de fila. “¿Cómo no va a ser aquí, pues?”, le refutaba ella, ya en tono molesto, como queriendo hacerle ver que no tenía de otra que aceptar la realidad de que tendrían que formarse desde la colonia Mariano Escobedo.

Los primeros dos días de vacunación registraron una gran afluencia de treintañeros y rezagados, por lo que el llamado de lo que en teoría sería el último día congregó a miles, algunos de los cuales desde las 5 de la mañana comenzaron a hacer fila.

Foto: ACG

En algunos rostros la preocupación era seria. Ante la imponente masa, los pensamientos podían llegar a traicionar: “¿Y si ya no alcanzo?”; “debí levantarme más temprano”.

Pero la realidad fue muy otra. Cerca de las 9:00 horas la fila comenzó a avanzar y ya nunca más pararía. Los bancos casi no fueron utilizados y los refrigerios se quedaron en las mochilas. A medio camino, surgiría una noticia más: se decidió expandir la jornada de vacunación para los días lunes y martes.

Foto: ACG

Entre el tiempo de espera y el caminar hacia el interior del Poliforum, pasaron cerca de tres horas. Llenar la papeleta, cortarla, recibir la vacuna, sostener el algodón y estar por fin fuera.

Tras poco más de un año de pandemia, se trata de una pequeña pero muy simbólica victoria. O como dijo algún despistado a las afueras del recinto: “Me siento como cuando me gradué de la secundaria”.

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