El miedo, principal herramienta de los Guardas Forestales

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Tancítaro, Michoacán

El brigadista Omar López Santorio lo tiene claro: al miedo hay que abrazarlo, tenerlo siempre presente. Combatiente de incendios desde que estudió en la Escuela de Guardas Forestales, explica que paradójicamente es la sensación de temor la que puede salvarles la vida, el instinto que los alerta sobre el peligro.

Viste con traje y casco color amarillo, y aunque por su indumentaria apenas se hace visible la mirada, aun así es detectable su alegría cuando presume la estatuilla a la que se ha hecho acreedor por ser el coordinador de dos brigadas de control de incendios en la región de Tancítaro.

Teniendo de fondo la zona arbolada del Cerro Puente Blanco, vuelve a reflexionar sobre el miedo como herramienta de trabajo:

“La naturaleza es sabia y se recupera pronto, entonces yo les digo que el miedo nunca hay que dejar de tenerlo, ya que es el encargado de avisarte cuando tienes que alejarte, el que te dice que llegó el momento de priorizar tu seguridad”.

Omar López Santorio / Foto: ACG

La labor de un combatiente no inicia cuando surge el siniestro, Omar López detalla que se trata de un estilo de vida que abarca los 365 días del año. Antes de que el fuego haga lo suyo, la brigada de Tancítaro ya se encuentra abriendo brechas para poder hacer más accesibles los caminos, conocer las zonas que se pueden controlar y saber los límites también.

De no aplicar estas estrategias, advierte que las tragedias serían impensables, pues simplemente el pico más alto de Tancítaro registra una altitud de 3 mil 800 metros sobre el nivel del mar, lo que haría prácticamente incontrolable un incendio en este punto.

“El siniestro más fuerte que me ha tocado enfrentar se dio en el 2017, no se tenían caminos y tuvimos que hacer el recorrido a pie por dos horas y media, además con muy pocos elementos activos, ya que la emergencia se presentó en el mes de noviembre”.

Ese día, Omar y los suyos perdieron la noción del tiempo, sólo recuerda que la noche los alcanzó y que fue necesario volver al día siguiente para lograr controlar el fuego. Cada experiencia les ha permitido crecer, fortalecerse y encarar de mejor manera su labor; sin embargo, el riesgo es latente, pues pese a que este año fue una temporada baja de incendios en Tancítaro, perdieron a un compañero en plena batalla.

Foto: ACG

“Es una decaída, un golpe muy fuerte porque todos los compañeros andamos trabajando en lo mismo. Imagínate, saber que lo saludaste en la mañana y por la tarde ya te avisan que no nos acompañará más, se vuelve deprimente”.

A Omar lo reconocieron y le aplaudieron las autoridades ambientales frente a las cámaras, pero tampoco se ciega, dice que los combatientes tienen muchas necesidades: dotarlos de herramientas adecuadas, vehículos que sean capaces de transitar caminos complejos y constantes cursos de capacitación que incrementen el conocimiento.

La familia de Omar también experimenta el temor. Se preocupan, le imploran que se cuide y que vuelva a casa. El brigadista los entiende, pero argumenta que lejos de los árboles se siente deprimido, como si le faltara algo. Cuando el gusto por la naturaleza se convierte en pasión, no hay miedo que importe.

Foto: ACG

Rockstars contra el fuego

Son los rockstars de las brigadas. Mientras los más pequeños de la comunidad los observan con admiración a la distancia, los combatientes de San Jerónimo Purenchécuaro posan ante las cámaras fotográficas.

Los han reconocido como una comunidad ejemplar en el combate contra el fuego y en la preservación de los bosques. Óscar Chávez León no lo niega y le añade más cualidades al currículum:

“Nuestro equipo ha sido de los mejores que se han tenido en San Jerónimo, pues además del trabajo que hacemos aquí, hemos apoyado en otras comunidades como Erongarícuaro, Quiroga y San Andrés”.

La efectividad de la que presumen, la ratifica con datos: en este 2021 solamente se suscitaron tres incendios que no tuvieron mayor problema en controlar. Es decir, en nada se parece a aquella lumbre que nació en San Andrés y se extendió a San Jerónimo hace algunos años. Un día y medio, sin dormir un solo segundo, fue el tiempo que les demoró controlar el siniestro.

Foto: ACG

“Este es un trabajo muy riesgoso, pero al mismo tiempo muy bonito porque cuidas el bosque. Claro que tiene sus momentos en que piensas en el peligro, pero el instinto es el que te hace correr a un lugar seguro, donde sabes que el fuego no te va a alcanzar”.

Óscar se da cuenta de la presencia de los niños y afirma que son los futuros brigadistas. Como comunidad, detalla que desde temprana edad se les comienza a enseñar la importancia de cuidar la naturaleza y el saber cómo hacerlo.

Y es que es precisamente en este punto, donde se enorgullece de lo que llama la parte más satisfactoria de un combatiente: el placer de amanecer y seguir apreciando los bosques intactos, como cuando era un niño más.

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