Rescatan en Michoacán templo del siglo XVI

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Morelia, Michoacán 

Una verdadera fiesta de reafirmación comunitaria constituyó la inauguración, el pasado viernes, del primer cuerpo restaurado del retablo del Templo de Nuestra Señora de la Asunción, en la localidad de Santa María Huiramangaro, perteneciente al municipio de Pátzcuaro, el cual posee las riquezas patrimoniales más antiguos e importantes del estado de Michoacán.

En la ceremonia participaron el Humberto Alquízar Marín, en representación de la Secretaría de Cultura de Michoacán, (SECUM), la doctora Laura Elena Lelo de Larrea López, especialista del INAH Michoacán, el presidente municipal de Páztcuaro, Víctor Manuel Báez Ceja, el jefe de tenencia de Hugo Rodríguez León, y el presbítero Ricardo Quiñón, entre otros.

Un poco de historia…

Los monjes franciscanos llegaron al asentamiento de Santa María entre 1530 y 1533, cuando se trasladaron de los cerros al llano en labores de evangelización y un poco después fundaron la nueva iglesia.

No obstante, el pueblo de Santa María Huiramangaro a principios del siglo XVIII se quedó casi sin población, debido a la falta de agua por lo que la cabeza de partido fue trasladada a Zirahuén y la casa de Dios quedó casi abandonada.

Esta desgracia permitió, sin embargo, que el templo conservara una buena parte de los tesoros patrimoniales originales de los fundadores, lo que no ha sucedido en otras dependencias eclesiásticas de la entidad.

Tal es así que la parroquia tiene, entre otros, 3 retablos platerescos del siglo XVI y otros 2 renacentistas de finales del siglo XVI.

Al rescate de los bienes divinos

Las labores de rescate del retablo se iniciaron en 2015 cuando el INAH lo tuvo que desmontar de manera urgente para reparar el muro testero que lo sostenía, el cual estaba a punto de desplomarse.

Cuatro años más tarde, gracias a una acción mancomunada federal, estatal, municipal, de la sociedad civil de la comunidad y de los restauradores profesionales, comenzaron las labores de salvamento de primer cuerpo del retablo, el cual había sido pintado de blanco de manera arbitraria.

La reconstrucción de la segunda parte ya está en proceso avanzado, y se espera poder concluirla en menos de un año.

Un retablo que seguirá haciendo historia

El Templo de Nuestra Señora de la Asunción es una edificación de mampostería, en forma de cajón, con techo de tejas a 2 aguas y una torre-campanario de ladrillos descubiertos a su lado. El enorme baldío que se extiende en su atrio fue un camposanto del cual actualmente solo queda una enorme cruz atrial.

En la nave central se ven 2 triples arcadas y 3 espacios que tienen funciones distintas. Su techo, por otro lado, exhibe algunas pinturas geométricas e imágenes, pero está siendo vencido por la humedad.

De todas formas, es su retablo el que se lleva todas las miradas. La doctora Laura Elena Lelo de la Larrea López, del INAH, en Michoacán, nos traza un interesante cuadro sobre cómo se verá, cuando se le incorporé el segundo cuerpo.

“En la parte de abajo se distingue el sotabanco, que es toda la base de mampostería sobre el cual descansa el retablo de madera. Luego, viene la Predela, donde está el sagrario, y las imágenes de los 4 doctores latinos de la iglesia.

A continuación, se ven los cuerpos que están formados por una calle principal (nicho donde van las vírgenes) y 2 laterales donde se ubican retratos de caballete de los 4 evangelistas.

En el nicho principal, al comienzo, se veía a Jesús, sentado en una posición dogmática. Actualmente, la virgen que va en el segundo parte del retablo es la de la Asunción del siglo XVI, la original del retablo, la otra imagen, del siglo XVIII, del primer cuerpo, que es la que recibe la bendición y el fervor de los creyentes de la comunidad, es la Inmaculada Concepción que, localmente, se le conoce como la Virgen de la Asunción.

En la parte superior aparece un remate donde se ve la imagen de Dios Padre en un relieve de madera tallada.

Todo el retablo es un armado de caja y espiga, no hay clavos ni tornillos. Ay… y es autoportante”.

Un don para la comunidad

Edith Celis Bruno, originaria de la comunidad y muy involucrada con el cuidado y mantenimiento del templo, nos comentó:

“Aquí somos 31 cabezas de día que cuidamos el lugar desde la mañana hasta la noche. Significa mucho para nosotros, pues aquí nos bautizan, se casan las personas, hacen sus fiestas de 15 años. Para nosotros es una obra de arte que refleja toda nuestra devoción y amor a los santos. Estamos muy contentos de que las autoridades hayan volcado sus ojos hacia este pueblo. La mayoría de los miembros de nuestra comunidad también han hecho aportes para las reparaciones, dan 50 pesos, 100 pesos… lo que puedan. Los vecinos que han emigrado y vienen ayudan igual”. 

El Templo de Nuestra Señora de la Asunción ha empezado a respirar aires de renovación por primera vez en su historia; aunque, aún falta mucho. Luego de concluir la restauración del retablo principal, habrá que hacer lo mismo con los secundarios y con el edificio en general, que no goza de buena salud. De momento, están el dinero y la disposición. El resto dependerá de la voluntad de las nuevas autoridades.

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