Morelia, Michoacán
Carlos Luna siempre ha vivido en el campo, para él trabajar la tierra significa un esfuerzo porque alimenta a su familia. Se siente orgulloso de tener la oportunidad de cuidarla cada temporada de estiaje, cuando surgen los incendios en las áreas boscosas de Morelia.
Miembro de la Brigada 325 de la Comisión Forestal del Estado, cuenta que familiares suyos, hermanos y sobrinos, también son combatientes forestales, que no ven esta actividad como un trabajo temporal de tres meses, sino como una forma de contribuir a la preservación de los bosques y lamenta que pocas personas están comprometidas con el cuidado del medio ambiente.
“La verdad nos gusta cuidar el campo, somos de rancho, es malo que se queme, se afecta mucho, tenemos ya desde el 2009 participando año con año y nos gusta esta chamba y pues son tres meses los que trabajamos, pero lo hacemos con ganas, somos de allá de San José de las Torres”, cuenta Carlos con orgullo.

Para combatir el fuego en un incendio natural, no solo se necesitan conocimientos técnicos, explica Carlos, se requiere que quien forme parte de este trabajo quiera al bosque y a la naturaleza, que conozca el valor y la riqueza que representan para los seres humanos, contar con vegetación y fauna, porque a través de los árboles se obtienen servicios ambientales que con dinero sería incalculable pagar, señala.
“Tan solo con la generación de aire limpio a través del oxígeno, refugio o hábitat de especies animales, así como la producción de agua en los mantos freáticos, entre muchos otros”, reflexiona el joven combatiente.
Carlos considera que a este oficio en los últimos años se le ha tomado relevancia por el riesgo y complejidad de la tarea que realizan los combatientes forestales cada temporada de calor, y admite que no es fácil su labor, pero dice que en lo personal lo hace con agrado y con conciencia de la importancia que que tiene el cuidado, conservación y preservación de los recursos naturales de Morelia, municipio del cual es originario.
“Mejor que no hubiera incendios porque se deteriora el medio ambiente, se acaba el agua y se daña el aire. No es fácil, pero ni modo, hay que entrarle”.

Carlos comparte que en su tiempo libre poda los árboles “para que cuando llegue el fuego no los agarre tan fácil”.
Cuenta que su familia se preocupa constantemente por él, por su hermano y sus sobrinos que han decidido arriesgar su integridad física, incluso su vida, por la convicción de la protección y defensa del medio ambiente.
“Se preocupan, pero algo hay que hacer, de todos modos, hay que echarle ganas, con cuidado más que todo”.

Durante los últimos tres años se ha dicho en Michoacán que mas del 90 por ciento de los incendios que se registran en la entidad son intencionales , es decir, tienen que ver con acciones que el ser humano realiza para dañar los bosques y otro tipo de ecosistemas para realizar cambios de uso de suelo, cuyo principal objetivo es la introducción de cultivos frutícolas, como el aguacate.
Pocas conflagraciones son ya por descuido, es decir, por fogatas que se quedan encendidas o por colillas de cigarro que se arrojan sin apagar.

Carlos Luna reflexiona sobre el alejamiento de la sociedad de los problemas que aquejan a sus municipios o ciudades, porque poco participan, cuando se trata de apoyar causas como el cuidado y defensa de sus áreas naturales.
“Hay personas que nunca hacen nada, nada más en redes, en el Face dicen que hay que cuidar el pulmón de Morelia, no hacen nada, se escandalizan, todo eso, pero nunca suben a apoyar con nada”.
Decidido, afirma que si los combatientes forestales no estuvieran comprometidos con la causa se perdería mucha riqueza natural cada temporada de estiaje, “es riesgoso, pero si no mantiene uno esto, se va a acabando el agua y con el fuego se acaban mucho más los árboles. Nosotros vamos a seguir ayudando, sí nos gusta este trabajo”.
Lo que más pesar le causa a Carlos es la forma en que los árboles se dañan, pero también la fauna sufre las consecuencias devastadoras del fuego cuando se registran incendios, “todo lo que se afecta de la fauna, los animales, pobres animales que se queman, hemos hallado zorrillos, tlacuaches intentando escaparse del fuego y quedan en la línea ya, por eso les encargamos mucho”.

Pero Carlos no solo alza la voz, además de ser parte de la solución, invita a los michoacanos a sumarse de forma decidida, como lo hacen los integrantes de la Brigada 325 y el resto de sus compañeros de lucha.
“Invitarlos a que cuiden el bosque porque es muy feo que se acabe, tardan muchos años en regenerarse los árboles y por eso hay que cuidarlos”.
Exhorta: “Duban para acá a la Loma de Santa María, al bosque, pero tengan cuidado de no hacer fogatas, no tirar colillas de cigarro y si hacen fogata que la rodeen bien con piedras que estén seguros que está controlada y si miran algún incendio repórtenlo y de alguna forma salimos a atenderlo”.







