Morelia, Michoacán
El crimen organizado desacostumbra a la gente a trabajar; será complicado que quien hoy carga un fusil de alto calibre en el cuello, mañana lo cambie por un azadón, opinó Gilberto Vergara, párroco de Nuestra Señora de Guadalupe de Aguililla.
El sacerdote que sigue oficiando misa en la comunidad que ha atraído la visión de todo el mundo, debido a que una organización narcoterrorista expulsó al Estado y tomó el control del territorio, fue realista y señaló que la visita del Nuncio Apostólico Franco Coppola a la comunidad, si bien brinda un mensaje de paz, no cambiará el modus vivendi de los criminales.
“No sé cuanto impacte la vista de Franco Coppola al crimen, pero sí incomoda, aunque dijo que no vino a confrontarse, ni a regañar. Se lanzó un llamado a los grupos para que acepten la conversión como el único camino. El llamado está hecho y cómo lo tomen será una cuestión personal. Será complicado porque quien lleva colgando fusil desde hace años, es difícil que lo deje y agarre un azadón. Algunas personas se desacostumbraron a trabajar y sobre todo a recibir recursos del producto de su trabajo y no de obras de maldad”, dijo el padre en entrevista para Primera Plana Radio.
Acusó que la situación de Aguililla no se debe únicamente a las ineptitudes del gobierno, sino también a las complicidades de la misma localidad, de quienes “no dicen nada o agachan la cabeza”, por temor.
“Las malas estrategias y decisiones de hace tiempo llevaron a Aguililla a un camino de error tras error, de ineptitud a caídas y complicidades, pero también tenemos que decir y reconocer que la población tiene mucho que ver. En algunos casos nos hemos acostumbrado a no decir nada y agachar la cabeza. Algunas personas se benefician de estas prácticas. Los factores son muchos”, criticó.
El sacerdote narró que ante cualquier operativo para capturar capos delincuenciales de la región, las células delictivas sacan a la gente y bloquean la llegada de elementos, mientras los facinerosos escapan.
“Sacan a la gente a las carreteras, les ponen playeras blancas y les dicen que tapen al ejército para poder moverse. Es una cooperación que no es voluntaria: nadie de personas de bien quisiera estar metido en ello. No se trata de eso, no somos contrincantes, al final nosotros quedamos en medio”, explicó.







