Ciudad de México
El hundimiento del Titanic, tras chocar con un iceberg, en 1912, durante su viaje entre Liverpool y Nueva York, sigue ofreciéndonos historias novedosas y hasta increíbles.
Una de ellas, y tal vez la menos conocida, es la de Ann Elizabeth Isham, una pasajera de primera, quien prefirió morir antes de abandonar y dejar solo a su perro Gran danés.
Ann Elizabeth Isham nació en Chicago, Illinois, pero años más tarde decidió mudarse a París para vivir con su hermana. Sin embargo, en las vacaciones viajaba a Estados Unidos para visitar a su otro hermano.

De acuerdo con Insider, cuando el barco se estaba hundiendo y comenzaron a colocar a las personas de primera clase en los botes salvavidas, le informaron que su mascota no la podía acompañar, por lo que decidió permanecer en el Titanic y estar con su perro.
Desgraciadamente, Ann Elizabeth Isham fue una de las cuatro mujeres de primera clase que murieron tras el hundimiento del Titanic. Se especula que entre los cuerpos que se encontraron flotando en el oceánico Atlántico estaba el de una dama que estaba abrazada al cuello de un perro.
La historia de esta mujer y el amor tan grande que tenía por su perro ha logrado cautivar a muchos, fue la familia de Ann Elizabeth Isham la que decidió hacer un monumento dedicado a ella en Vermont.
En el Titanic viajaban 2208 pasajeros y 12 perros que acompañaron a sus dueños en un viaje que nunca llegaría a su destino. De las 12 mascotas que viajan en el barco, solamente tres lograron salvarse.




