Morelia, Michoacán

Cuando conocí a Doramitzi González Hernández en el estudio de radio de Primera Plana me dio la impresión de que se trataba de una persona enérgica, pasional, agresiva en la defensa de sus valores, a la que, sin embargo, no le faltan la sonrisa y una bien disimulada ternura.

Luego, cuando la visité para hacerle una entrevista a propósito del Día Internacional de la Mujer me di cuenta que la vocación por el riesgo y la audacia eran un asunto también de familia: su madre fue la primera mujer que trabajó como motorizada en la policía de Morelia y su estampa de amazona trazó toda una época.

¿Fuiste una niña feliz o el hecho de tener capacidades diferentes te atormentó desde el principio?

Nunca he tenido capacidades diferentes, soy una persona normal con una discapacidad que no me hace ni más ni menos. Por suerte, tuve una familia maravillosa que me transmitió muy buenos valores. Hoy en día soy la mujer que soy gracias a mi madre.

¿En qué momento de tu vida te diste cuenta de que podías convertirte en una nadadora de alto rendimiento?

Yo nunca me dije: “Voy a nadar”, “voy a entrenar”. Para mí todo se reducía a divertirme un poco. Sin embargo, una persona con una discapacidad me presentó a José Massiel, responsable en ese momento del deporte adaptado en Michoacán, y a partir de ahí todo cambio. Empecé a competir en los nacionales y, tres años más tarde, a los 16 años, me clasifiqué a los parapanamericanos de 1999, en Winnipeg, donde gané 7 medallas de oro.

Después llegaron las Olimpíadas de Sidney, donde alcanzaste varias preseas, 2 de ellas de oro, y te hiciste notar internacionalmente. ¿No crees que el éxito te llegó demasiado pronto?

Por ser muy joven no pude dimensionar todo lo que estaba pasando, lo que significaba representar a mi país. Por inexperiencia e inmadurez dejé de disfrutar algunas cosas lindas en ese momento.

Luego de llegar de Sidney dejé de nadar un año, porque me costó asimilar el cambio de ser una persona común a otra que los ciudadanos identifican y aplauden.

¿Y los entrenadores son buenos, o algunos son unos improvisados? 

Hay muy buenos entrenadores en México y, entre ellos, está el mío, Fernando Vélez, de Cuernavaca, pero hay unos que no tienen está pasión, esta virtud, digamos. Con mi entrenador formé un equipo que se hizo grande poco a poco. A veces, las federaciones por poner al hermano, al primo, al amigo, no seleccionan bien y se pueden perder los talentos.

Hay 11 medallas en tres paralimpiadas y otros lauros en juegos panamericanos y campeonatos mundiales. ¿Consideras que el trato de los federativos ha sido el ideal? ¿Te has sentido valorada?

La aprobación de la gente jamás la voy a reprochar, aunque siempre he pensado que nuestros dirigentes, nuestros gobiernos, nunca han reconocido lo suficiente a los atletas paralímpicos. Si le preguntas a alguien quién es, por ejemplo, Paola Espinosa, casi todo el mundo la conoce, pero si indagas por Doramitzi González muy pocos saben.

En realidad, a los competidores del deporte adaptado no se nos da la difusión correcta. Es una pena, porque hay muchos deportistas que han dado la cara y están llenos de medallas que le pueden presumir a los mexicanos.

¿Tus triunfos te han ayudado a crecer como persona?

El deporte me ha dado responsabilidad, disciplina, puntualidad y me ha permitido entrar en contacto con culturas muy lejanas a mi realidad. Se puede decir que maduré mucho en las albercas.

¿Te has sentido discriminada?

Sí, todos los días, la discriminación en mi vida ha estado siempre muy latente.

En cierta ocasión comentaste que los atletas paralímpicos cambiaron la perspectiva que se tenía de las personas con discapacidad.

Sí, bueno, antes muchos pensaban que los discapacitados éramos gente enojada de la vida, que odiaban a todo el mundo, que podían contestarte feo. Entonces, a raíz de nuestros éxitos, la sociedad se dio de cuenta que tenemos sentimientos, deseamos superarnos y podemos lograr grandes cosas.

Estudiaste Licenciatura en Mercadotecnia Deportiva de la Universidad del Valle de México Campus Coyoacán. ¿Fuiste tan buena estudiante como deportista?

Bien, se dice que la herramienta más importante de un ser humano es el conocimiento y yo me tomé esto muy en serio. Siempre quise una carrera más allá de mis medallas. De todas formas, te reconozco que fue muy complicado para mí combinar el estudio con los entrenamientos. Mi mamá se desvivía por mandarme dinero y algunos de sus amigos nos apoyaron todo el tiempo.

Trabajaste en Recursos Humanos en una empresa. ¿Tus experiencias paralímpicas te han servido de moraleja para ayudar a los demás?

Sí, la trayectoria siempre ayuda. Trabajé en reclutamiento y exploré en clima laboral, inclusión y en otras muchas áreas, aunque nunca me arriesgué a dar talleres de manera directa.

¿Y qué haces en la actualidad?

Puse una pausa en mi vida laboral y estoy cambiando de aire aquí en Morelia después de vivir en la capital 10 años. Mi cosquillita siempre ha sido ayudar a las personas discapacitadas y al deporte. Veremos por qué caminos me lleva la vida. Por lo pronto, estoy tocando puertas.

Un último mensaje para los dirigentes y los atletas…

Los federativos, desde Conade para bajo, no están haciendo su chamba. Necesitamos gentes que quieran ayudar al deporte, el cual es, en realidad, una industria que genera dinero. A los competidores se les debe apoyar desde su nacimiento, no solo cuando ya son figuras.

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