Fotos: Ricardo Sánchez

Morelia, Michoacán – Ricardo Sánchez

Superó la transición del método tradicional de enseñanza al uso de las nuevas tecnologías. La pandemia de covid obligó a la maestra Adela Silva Nieto a actualizarse y hoy, en el encierro obligado, permanece horas extras frente al monitor de su computadora para impartir clases virtuales a sus alumnas y alumnos de primaria.

No ha sido fácil, admite la profesora de 59 años y con casi cuatro décadas de haber iniciado la travesía frente a grupo.

Está a un año de jubilarse y siente nostalgia porque vendrá el día del retiro, pero mientras llega la hora, cada tarde inicia a las 14:00 horas las clases con las y los alumnos. Los conoce poco porque ni eso le ha permitido el confinamiento obligado.

“Desde niña quise ser maestra, lo traía en la sangre, mi madre y un hermano eran docentes, lo logré porque siempre me entrego a las metas que me propongo”, comparte la docente, quien después de 37 años de estar frente a grupo, asegura que sigue ejerciendo con pasión el magisterio.

Viajar en mula, su primera prueba

Después de cinco meses en una telesecundaria de Maravatío, que fue su primer trabajo, la joven Adela Silva llegó a lo suyo, la enseñanza primaria. Recién salida de la aulas de la Escuela Normal Urbana de Morelia, comenzó la docencia en una inhóspita comunidad de Ario de Rosales, “allá por La Yerbabuena”, a la que llegaba a lomo de mula que le facilitaban los pobladores; no había energía eléctrica, ni agua potable y le costó lágrimas adaptarse a la vida campirana, pero lo hizo.

La maestra Adela cuenta que tuvo alumnos ya mayores que superaban en edad a los que la llevaban al ritmo de su grado escolar. Los que ya estaban “grandes” iban armados al aula, uno de ellos se enamoró de la docente y le dijo que él la cuidaría, eso la atemorizó, pero con el tiempo se fue adaptando a la vida en comunidad donde era muy querida.

Gracias a la ayuda de su supervisor, después de ocho meses la “acercaron” a una ranchería de Tzitzio donde las condiciones no eran mejores, pero iba y venía a Morelia en vehículo y prescindió de la bestia de carga. De ahí dio el salto a Morelia.

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El Covid y los desafíos virtuales

La maestra Adela comparte que el encierro de meses la ha enfermado, pero dice que ni un día declina de su pasión por impartir la enseñanza. Compara que una escuela pública, como en la que ella ejerce la docencia, no es lo mismo que un colegio privado. “Acá muchas veces las mamás y papás no tienen las herramientas tecnológicas para que sus hijos reciban clases, no tienen computadora, ni teléfono, menos una tablet”.

Dice que algunas veces ha tenido que llevar el material didáctico a los niños a la escuela y ahí recibir trabajos, entregar las tareas y estar todo el día con el celular en la mano. Cuenta las peripecias diarias con papás y mamás: “Señor, señora, no me ha mandado esto, tenemos que evaluar el segundo periodo, necesito evidencias porque me las exigen en el área de Supervisión, si no, van a suspender la labor del maestro”.

Sostiene que lo hace porque le interesa el grupo que le tocó atender, al que poco conoce porque en el ciclo pasado tenía sexto grado y se quedó sin grupo de seguimiento, mientras los demás profesores continuaron con sus mismos alumnos en el grado posterior.

Con humor comparte que a veces son las 11 de la noche y algunos papás le piden que les explique la clase que ya impartió por la tarde, porque estaban trabajando, por eso le parece una ingratitud que entre los papás se diga que los profesores están cobrando gratis su salario, “damos clases, hacemos estadísticas, evaluamos, enviamos evidencias, todo lo que nos pide la Secretaría”, explica.

Pese a las complejas jornadas a distancia, la profesora ve en la docencia lo mejor que le ha pasado en la vida y dice sentir enorme orgullo de ver a exalumnas y exalumnos convertidos en profesionistas, médicos, enfermeras e ingenieros. Algunos que ya están en secundaria le envían las calificaciones de 10 que obtienen. “El mérito es suyo, yo sólo fui un apoyo para ellos”, expresa con modestia.

El mensaje a las mujeres

Con un reconocimiento a ellas, Adela Silva Nieto, esposa y madre de familia, les pide a las mujeres que no se rindan, “todas podemos salir adelante, no necesitamos de un hombre para sobresalir, mamás solteras, nosotras podemos y luchando se puede lograr”.

Para la profesora de mil batallas, la mujer es sagrada, porque es doctora, sicóloga, profesionista, ama de casa, es todo. “Se enferma una mujer y se cae la casa, ella es lo máximo y las invito a todas a que no se rindan, que tengan confianza en lo que hacen porque tenemos un primerísimo rol en la sociedad”.

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