Los músicos ambulantes del centro de Morelia. ¿Diálogo de sordos? Parte I

40

Morelia, Michoacán

La labor que realizan los músicos ambulantes en el centro histórico de Morelia puede parecernos pintoresca, romántica y hasta folclórica; sin embargo, se trata de un oficio con muchas cosas en contra: el frío, el colorón a ratos, la gritería de ciertos caminantes, el ruido de los vehículos y, sobre todo, el desdén con que muchos de los morelianos miran a estos creadores y la poca frecuencia con que les dejan las moneditas de la propina.

Convencida de que esta realidad merece una mayor reflexión, Primera Plana envió a un equipo de reporteros con la misión de escuchar a estos artistas y explorar, un poco, en sus ilusiones, proyectos, atrevimientos, temores y alegrías de vida.

Lo primero que nos llamó la atención a Riki, el tenaz camarógrafo, y a mí, fue ver que la mayoría de los trovadores y instrumentistas recrean sus temas en total soledad: ni uno solo de los caminantes se detiene delante de ellos para disfrutar de un arte a la intemperie o condenar la mala ejecución de algún improvisado.  La indiferencia se impone. Y esto es lo peor.

Por fortuna, al rato de caminar por el centro nos encontramos, a un pie del hotel Alameda, con Cristian Cruz, un cantautor callejero venezolano, de toque ligero, que se niega a ser invisible y parece tener dinamita en las cuerdas de su guitarra.

“Bueno, debido a la situación lamentable que está viviendo Venezuela yo me vine para acá y lo que hago es sobrevivir más bien. Desde el principio, me gustó Morelia para vivir, es una ciudad pequeña, bonita, mágica, que nos brinda muchas riquezas culturales, que, en ocasiones, no son bien apoyadas. Aquí hay una gran creatividad, en la artesanía, el teatro, la música, el cine. Abundan, además, los creadores excelentes que solo están esperando un impulso para triunfar”.

 ¿Cómo te formaste como trovador?

A mí me enseñó a tocar la guitarra un tío hippie, muy original, muy especial, con un gran gusto, a quien le fascinaba mucho el rock. Al principio, me enseñó tres o cuatro acordes y con ellos empecé a seguirlo en las plazas. Recuerdo que tocaba algunas canciones y recelosamente se guardaba los tonos. Pero yo observaba todo y a través de la vista aprendí a moldear los dedos, a buscar las posiciones de los acordes y todo esto. Soy un músico autodidacta, nunca he estudiado teoría y sorfeo, aunque he ido practicando algunas cositas para intentar pulirme un poco.

¿Influencias?

Bueno, sí, mis respetos en Venezuela para Simón Díaz y más acá he seguido bastante la música de Silvio Rodríguez y Carlos Varela, de Cuba. Claro, están los grandes cultores del rock clásico que me encantan, al igual que los monstruos de la música thrash metal y progresiva. Oye, mi cabeza es una mezcla de muchas cosas…

¿Qué tipo de música te gusta?

En lo fundamental hago las canciones que me pertenecen como autor, las defiendo hasta en el sueño, y a partir de ahí me pongo a inventar con la música romántica, protesta… pop. A veces, también hago cover de canciones famosas para mover un poco a la gente. Trato de buscar variedad y no caer en el esquema que siempre se repite entre los trovadores morelianos.

Además de tus actuaciones en la calle, ¿te presentas en algún centro nocturno?

¡Qué va!… Ya llevo 11 años en Morelia y aunque tengo una residencia permanente, a nivel laboral, como trovador, he tenido muchas trabas y muy pocas ayudas. Hay una burocracia muy fuerte y permisos que deben pagarse.

Veo que durante tus presentaciones interactúas bastante con el público. ¿No temes que alguien te responda mal?

Claro, intento relacionarme con la gente lo más posible.  No solo canto, sino que dialogo con todo el que pasa, les hago bromas, les lanzo retos, y hasta logro que más de uno me dedique unos pocos minutos, aunque puede haber algún pesado que no me atienda.

Eso de que el músico es el Dios que está parado sobre la tarima y la gente tiene que venir a verlo no va conmigo. Yo trato de que los amigos se alegren lo más posible, porque la vida está llena de heridas que hay que sanar.

Más allá del día a día… ¿te ha ocurrido algo anecdótico?

Hace como un año se hizo viral un video donde aparezco junto a ese gran músico que es José María Napoleón. El hombre, que estaba de gira, se alojó en un hotel cercano, aquí en el centro, y cuando me vio me pidió la guitarra y cantó en la misma banqueta un tremendo temazo. Yo, al principio, ni lo reconocí, aunque si conocía algunas de sus canciones (RIE). Lo cierto es que a partir de ahí la gente empezó a identificarme un poco más.

¿Hay planes?

Yo quiero quedarme a vivir aquí en Morelia, pero como te dijo, la situación económica y mi poca estabilidad laboral limitan muchas cosas. Ojalá los que estamos haciendo cosas bonitas, tratando de trabajar de forma honrada en la calle, podamos recibir algún subsidio. Me gustaría sumarme a algún grupo y tocar con audio y mejores condiciones. Cualquier alternativa para mí ahora es buena…

“De México me gustan los burritos y los tacos, la gastronomía aquí es impresionante. ¿Los mexicanos? Son gente muy afable, muy buena onda, la verdad”.

Deja un comentario