El creador del Monumento a Los Constructores asegura que las críticas que recibe su obra tienen un trasfondo político

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Morelia, Michoacán

Desde junio del pasado año, el monumento Los constructores, ubicado en la orilla oriente de la avenida Acueducto, está en el centro de la polémica en Morelia, porque algunos sectores sociales consideran que la obra es racista, ofensivo y simboliza la subordinación, la explotación y el esclavismo. Incluso, el colectivo Arte y Resistencia y el Consejo Supremo Indígena de Michoacán (CSIM) han abogado infructuosamente en favor de una consulta que avale el retiro de dicho conjunto escultórico.

Por lo dicho, El Sol de Morelia entrevistó a José Luis Padilla Retana creador de esta obra y de Las Tarascas, quien advirtió:

“Hay mala fe en el asunto, porque lo primero que debemos hacer es pensar en construir, no en destruir, y eso es lo que los enemigos de las piezas pretenden hacer”.

Padilla Retama insistió en que hay intereses políticos en la propuesta de desplazar las esculturas y que los defensores del retiro tienen una “visión sesgada” de las imágenes en bronce, que cuales constituyen “un homenaje a aquellas personas que hicieron de Morelia un monumento”.

El artista subrayó, igualmente, que su intención nunca fue la de discriminar a los pueblos indígenas.

“Soy un hombre de raíces indígenas, porque soy michoacano, mis abuelos son de Tzintzuntzan, yo nunca pensé llegar a ofender a alguien con este monumento. Además, no se les está sacrificando o martirizando, están representados trabajando”.

Ante la polémica causada por la petición de mover de su sitio a Los constructores, Padilla Retana aseguró que ha recibido el respaldo de diferentes grupos de arquitectos e ingenieros a nivel nacional, quienes han hecho patente su admiración por el conjunto.

Un voto para la duda

Las estatuas se proyectaron en 1994 por encargo de un comité de personalidades del ámbito académico y político, entre las que se hallaba el entonces gobernador Ausencio Chávez, y luego de un arduo proceso constructivo, que contó con el apoyo del pueblo con dinero y piezas de bronce, fueron inauguradas dos años más tarde.

Entre las imágenes sobresale el obispo Antonio de San Miguel, quien ordenó la construcción del acueducto de Morelia y de la calzada que hoy lleva su nombre, además de ayudar grandemente a los lugareños durante la crisis agrícola conocida como el “hambre gorda”.

Los otros personaje son un alarife, o maestro de obras, encargado de realizar la traza de las primeras manzanas de la ciudad, un cantero y un “tameme” o cargador.

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