FOTOS: ACG

Melissa García – Morelia, Michoacán

A pesar de que Michoacán llegó a las 2 mil defunciones a causa del COVID-19, y contabiliza más de 25 mil infecciones, con su capital con el mayor número de enfermos, el Centro Histórico de Morelia se encuentra rebosante de turistas y curiosos que acuden por la celebración del Día y la Noche de Muertos.

Sin ofrendas en espacios públicos como en otros años, el altar monumental de la Plaza de Armas, dedicado al personal médico que ha perdido la vida en su lucha por atender a las personas con COVID-19, llama a los visitantes locales y foráneos a conocerla, quienes ingresan de manera controlada bajo un operativo de la policía municipal, a través de un acceso y una salida únicas.

Con un arco adornado con flor de cempasúchil, manitas de león, calabazas y mazorcas de maíz, el kiosco en sus alrededores cuenta con corredizos plegados a las protecciones de herrería que resguardan los jardines, mientras cientos de flores fueron deshojadas para colocar pequeños caminos que embellecen la plaza, a la par de veladoras que se prenden durante la noche para iluminar el lugar.

El altar cuenta con piezas elaboradas por artesanos michoacanos, provienes de San José de Gracia, Tzitzuntzan y Pátzcuaro principalmente; los coopaleros se mezclan con las piezas de pan, bateas, calabazas, velas y uniformes médicos, mientras que en una manta colocada en uno de los costados del kiosco se muestra la imagen de una mujer enfermera, y las bancas en derredor también fueron adornadas con estos elementos.

Alrededor de 700 manojos de diversas flores fueron utilizados para los adornos de la Plaza Benito Juárez, informaron las autoridades locales, mientras que para el arco colocado en el Acueducto de Morelia se usó 650 manojos. Ambos diseños estuvieron a cargo de un artista moreliano, y costaron al menos 70 mil pesos, y fueron elaborados por artesanas y artesanos de las tenencias de la capital michoacana.

Paseando con la muerte

Aunque de alguna manera la seguridad municipal busca evitar el aglomeramiento sobre las vecinas plazas Benito Juárez y Melchor Ocampo, éstas permanecen con mucha afluencia, y la gente se cruza sin mayor ni sana distancia o se sienta una al lado de otra a disfrutar de los rayos del sol que a temprana hora no son tan sofocantes.

María Estela, una moreliana de 70 años, se hace acompañar de sus nietos y su esposo. Hace meses que no venía al Centro Histórico, pero decidió junto a su familia dar un recorrido luego de acudir a misa en San Francisco, iglesia a la que, dice, suele acudir de vez en cuando.

“La ciudad se ve muy bonita. Las macetas que colocaron en la parte superior de los faroles lucen muy artesanales”, describe, mientras se le achican los ojos suponiendo una sonrisa, pues a pesar de usar tapabocas, reconoce que el confinamiento es la mejor opción para evitar en mayor medida el virus, sin embargo recalca que tenía meses que no acudía al centro.

Como un desafío a la muerte, la gente transita con el tapabocas bien puesto a media garganta, convirtiendo en simulación el cuidado sanitario que las autoridades se han cansado de pregonar para evitar más contagios. No obstante, el número de visitantes crecerá a medida que cae la tarde, cuando el sol comience a ocultarse y las luces citadinas le den un toque más místico y mortuorio a la ciudad, comentan los policías que recorren las calles.

Los tranvías han repuntado su actividad y ya no son escasos los recorridos que realizan, como en meses pasados, sin embargo siguen implementando las medidas sanitarias como la utilización de tapabocas y gel antibacterial.

Vestidos de catrines y catrinas, con el rostro pintado, los paseantes parecen no advertir las cada vez más muertes de COVID-19; su afán es recorrer la ciudad, así como tomarse fotos teniendo como adorno el altar en honor de los trabajadores de la salud que dieron su vida para evitar la muerte de la que ahora ellos se burlan.

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