La campana sigue tañendo 131 años después, en el Panteón Municipal

111

Melissa García – Morelia, Michoacán

El tañer de la campana anuncia que ha llegado un nuevo visitante… para quedarse. Esa es religiosamente la señal desde hace 131 años, los mismos que tiene de vida el Panteón Municipal de Morelia. El centenario camposanto alberga los restos de figuras célebres, personajes encumbrados, políticos, poetas, conspiradores, constituyentes y ciudadanos comunes.

Foto: Cuauhtémoc Castañeda

La historia de casi siglo y medio

En 1889 fue prioridad crear un cementerio en Morelia; los muertos eran sepultados en los terrenos que ocupó el edificio del Seguro Social, en Avenida Héroes de Nacozari; y tiempo después, en lo que hoy es el Mercado San Juan. El panteón actual se edificó en la orillas de Morelia, al suroeste.

En los 58 mil espacios yacen los restos de infinidad de difuntos; a lo largo de casi siglo y medio, los tañidos de la campana que cuelga en la entrada del recinto, avisa el arribo de nuevos viajeros sin retorno. Un campanazo anuncia la llegada de un angelito; dos toques, que está arribando el cuerpo de un adulto. Así es la forma en la que los muertos entran al camposanto, según la tradición centenaria.

Las primeras tumbas se remontan a 1890, unas construidas con mármol, otras de cantera, algunas de cemento, en otras sólo se observan montículos de tierra. A lo largo de los años, lo ostentoso o sencillo de los sepulcros ha mostrado la desigualdad de clases sociales, y que dividió las 16 hectáreas de superficie del panteón.

El 15 de julio de 1895 fue inaugurado oficialmente el Panteón Municipal de Morelia en una zona que en aquella época era externa a la ciudad; hoy está a escasos minutos del Centro Histórico, entre las populares colonias Gustavo Díaz Ordaz y Morelos.

Foto: Cuauhtémoc Castañeda

Entre veredas, árboles y decenas de gatos que deambulan por el cementerio, emergen tumbas que tienen inscrita la historia de quienes se volvieron leyenda; así son los sepulcros que guardan los restos de aquellos niños que perseguidos por el franquismo español desembarcaron en Veracruz, pero arropados por el general Lázaro Cárdenas del Río, encontraron en Morelia una patria.

Arte y leyendas emergen de las tumbas

No menos de 40 leyendas corren en el Panteón Municipal. Las historias populares cuentan que las almas penan buscando consuelo entre el olvido y la celebración del Día de los Fieles Difuntos y de todos los santos, el único día que el camposanto se viste de colores, llanto, risas y nostalgia. El único día en que la tradición mexicana honra a la muerte, pues pocos son los que en alguno de los otros 365 días del año acuden al encuentro con sus difuntos, relata Héctor Sánchez Ramírez, director general del Panteón Municipal de Morelia.

Foto: Cuauhtémoc Castañeda

“El Ángel Enjaulado” en las rejas de su propio sepulcro es una de esas leyendas arraigadas en el cementerio. Según las crónicas urbanas, la hermosa escultura cobraba vida en las noches para salir a rondar las zonas del camposanto, pero después fue visto más de una vez por quienes, alejados del bullicio, paseaban por las calles que circundan el panteón. Tras el “suceso”, la escultura fue encerrada en una enorme jaula de hierro, que en la parte superior, a la altura de su cabeza, está forzada, en un intento del ángel por escapar del cautiverio.

En la rotonda de los hombres ilustres, justo en medio del panteón, personajes michoacanos cuentan con lápidas que muestran que un día sus restos estuvieron en este cementerio, pero fueron exhumados y llevados a otro lugar, como fue el caso de los exgobernadores Melchor Ocampo, Bruno Patiño Rafael Carrillo, Justo Mendoza y Epitacio Huerta, así como el poeta Manuel Narvarte; el escritor y periodista, Mariano de Jesús Torres.

El camposanto tiene 18 sepulcros considerados obras de arte; sobresalen figuras de ángeles y la Virgen del Rosario, obra del artista italiano Alfonso Octavio Ponzanelli, quien en la década de 1930 desarrolló su trabajo principalmente en México.

Aún falta el monumento sepulcral de Jesús Pérez Gaona “Pito Pérez”, el personaje de la obra del escritor José Rubén Romero, pues a pesar de ser parte de una novela, los restos de Pérez Gaona nunca fueron reclamados ni enviados a la fosa común. Cadáveres en esa condición ya no existen en el Panteón Municipal tras ser exhumados para su traslado al cementerio El Vergel.

Foto: Cuauhtémoc Castañeda

A pesar de haber sido la fosa común aproximadamente cien años, la hectárea que abarca esta área en el cementerio es extrañamente silenciosa, llena de vida entre tanta muerte; no hay sonido que penetre el aire, ni escalofrío que acaricie el alma; las gavetas colocadas a su alrededor arropan ese retorno mortal de quienes fueron parte de la vida.

Foto: Cuauhtémoc Castañeda

Como diría el propio Pito Pérez “cercáronme las gentes como a un payaso, para que las hiciera reír con el relato de mis aventuras, ¡pero nunca enjugaron una sola de mis lágrimas!”.

Deja un comentario