Morelia, Michoacán

El infierno no son los otros; los otros son necesarios para la salud mental, coinciden especialistas que, además, reconocen que la pandemia y el aislamiento social han acrecentado el tratamiento de casos de ansiedad, depresión, crisis de pánico e intentos de suicidio, afecciones que retratan en el estado una estadística de 278 suicidios suscitados de enero a agosto de este año por causas diversas.

Maximiliano

Para Maximiliano, un joven de 23 años de edad, el confinamiento trajo consigo un desequilibrio emocional mayor al que ya venía experimentando. Él, como muchos otros jóvenes, fue parte de los estudiantes egresados del Instituto Politécnico Nacional (IPN) durante la pandemia.

La movilidad estudiantil al estado de Guanajuato fue un reto a su ánimo y a la fortaleza de seguir adelante, pues toda su vida la había desarrollado en Morelia, sin embargo la carrera de Ingeniería en Aeronáutica que cursó tenía sus clases en otros estados; eso, dice, le llevó a tener crisis de ansiedad y depresión que le hicieron pensar en el suicidio en más de una ocasión, pues reconoce que además arrastra emocionalmente el divorcio de sus padres cuando tenía 14 años de edad, lo que hasta hace apenas unos meses comenzó a tratarse con terapia.

Con los brazos llenos de manchas provocadas por la ansiedad, Mashi, como le dice su familia, dejó de hacer ejercicio durante unos meses a causa de la pandemia, ya que estaba acostumbrado a la natación, pero los centros deportivos del sector público fueron cerrados, y confinarse en su casa no fue lo mejor para su equilibrio emocional.

A pesar de haber egresado con un aprovechamiento aceptable, todavía no ha encontrado un empleo relacionado con la carrera que estudió; sigue, como cuando cursaba la preparatoria, vendiendo bolillo y piezas de pan que elabora en un expendio al que llegó hace algunos años.

Esperanzado en que todo retome su curso, desea emigrar del país para encontrar un empleo de su carrera; mientras la pandemia sigue normando al mundo, hace el esfuerzo de pagarse una terapia, salir a correr y limpiar el huerto que emprendió hace meses y que ya está dando frutos.

Sonriente, con las manos entrelazadas y sudorosas, expresa que la salud mental es indispensable para seguir la vida, para no flaquear, para que en la medida de sus posibilidades pueda ayudar a su hermana menor y a su madre, a quienes reconoce como parte esencial de su sobrevivencia.

Confinamiento y los costos emocionales

El aislamiento social ha sido uno de los principales factores por el que la atención psicológica y psiquiátrica han aumentado durante los casi seis meses que lleva la pandemia en Michoacán, explica la psicóloga Luz María López Mier, que labora desde hace 12 años en el Hospital Psiquiátrico de Morelia “Dr. José Torres Orozco”.

Contabiliza que la atención a pacientes creció 30 por ciento en el nosocomio a partir de marzo, tras decretarse el aislamiento social por parte de las autoridades, así como por la suspensión de clases en el sector educativo; sin embargo, en la atención privada, que igualmente brinda la especialista, se elevó aún más la demanda de atención, en 50%.

Trastornos depresivos y de ansiedad se han disparado

La psicóloga López Mier documenta que en un trastorno de depresión es común que las personas duerman demasiado o, en el extremo opuesto, padezcan insomnio:

“Es muy marcado: no comen, pierden el apetito, no tienen ganas de arreglarse ni de bañarse, no tienen ganas absolutamente de nada, hay un aplanamiento afectivo; la mayoría de las veces les hablas y parece que te escuchan, pero no lo hacen, están ensimismados”.

Sin duda, explica, hay una marcada diferencia en el antes y el después de la pandemia, porque muchas personas perdieron su trabajo, o a sus familiares, o a otros seres queridos:

“La cantidad de pacientes con depresión y crisis de ansiedad ha aumentado demasiado, por la pérdida del trabajo y la pérdida de familiares; hay quienes han tenido que cerrar sus negocios, entonces si está muy marcado el antes y el después”.

Centros de Escucha, refugio de personas violentadas y abatidas

Beatriz Contreras, quien tiene a su cargo uno de los 11 Centros de Escucha que ha puesto en marcha la Arquidiócesis de Morelia, señala que socializar es fundamental:

“Al no ser seres aislados, se necesita la interacción social, porque desde que nacemos dependemos de los demás; estamos en una etapa vulnerable, ya después somos interdependientes”.

Sintetiza que la situación que se vive a consecuencia de la enfermedad COVID-19 ha detonado muchas crisis, pero en su opinión dentro de todas las vicisitudes es una oportunidad para poner más atención a la salud mental, “porque no es algo en lo que se suele invertir, y lo tenemos muy olvidado”.

En este Centro de Escucha, ubicado en la calle Benito Juárez 156 del Centro Histórico de Morelia, trabajan ocho psicólogas de manera gratuita para dar atención a personas en situación vulnerable, especialmente mujeres violentadas.

Beatriz puntualiza que estos centros están orientados a atender a víctimas de violencia, desde su apertura en Morelia en 2017, han brindado ayuda a más de mil 200 personas, pero que tienen claro que en estos últimos siete meses de pandemia han llegado más casos por trastornos de ansiedad y depresión.

Para ejemplificar, comparte que muchas personas piden atención porque están deprimidas al no poder salir de sus hogares, o porque perdieron su trabajo. Recordó el caso de un joven estudiante que no está yendo a clases y empezó a tomar más alcohol por la depresión que presenta, y el de una señora mayor que tiene mucho miedo a contagiarse con el virus.

“Lo que hemos notado es el aumento en el consumo de sustancias tóxicas”, remarca.

Estas personas con frecuencia llegan a los Centros de Escucha y son canalizadas a otras instituciones por las crisis que presentan.

La cruzada para construir la paz

Beatriz Contreras resalta que los responsables de los Centros de Escucha están convencidos de que atendiendo a las personas que viven situaciones de violencia inciden en la construcción de la paz, porque se permite a las víctimas iniciar un proceso de sanación.

“Creemos que eso contribuye para que (la víctima) viva de otra manera y se vuelva un agente activo en su comunidad, recupere la voz y sea también constructora de paz”.

Concluye que ese es el propósito y fin de estos espacios, que son seguros, confiables, gratuitos y cercanos a la gente, porque las personas confían y se acercan con la confianza de ser acompañados:

“A lo mejor no somos centros especializados, como los que tiene el gobierno, pero sí con mucha solidaridad y esperanza de que las personas que han vivido hechos de violencia, que a veces son desgarradores para ellas, puedan recuperar la paz”.

En la Arquidiócesis de Morelia hay 11 Centros de Escucha y tres más están en proceso de formación, en los que se atiende a la población de lunes a viernes. El horario atención de cada centro puede variar. El que se ubica en la calle Benito Juárez del Centro Histórico de Morelia atiende de 9:00 a 16:30 horas, y su teléfono para solicitar ayuda es el 44 36 90 3967.

¿Hay alguna receta para la felicidad?

Para Beatriz Contreras, pensar más en el presente es vivir:

“Generalmente nos vamos mucho hacia el pasado o hacia el futuro, y eso genera mucha ansiedad, o tal vez nos regresamos a situaciones no superadas. Aprender a vivir lo que la vida nos trae en el hoy, apreciarlo, valorarlo, no sé si es receta, pero sí coincidencia del aquí y el ahora”.

Para Luz María López Mier, cuidar la salud mental, la alimentación, el sueño, la socialización y hacer ejercicio, todo ello conlleva a ser felices, no como una receta, sino como una forma de vida que recae en tener una salud mental favorable.

Las cifras de la Fiscalía General del Estado

Entre enero y agosto de 2020

  • 278 personas en Michoacán se han quitado la vida
    • 201 fueron por asfixia por suspensión (ahorcamiento) (72.5%)
    • 26 utilizaron un arma de fuego (9.5%)
    • 22 optaron por el envenenamiento (8%)
    • 29 por otros medios (10%)

  • De 269 casos en donde se certificó la edad exacta:
    • 95 eran jóvenes entre los 18 y 30 años de edad (35%)
    • 67 adultos de entre 46 a 95 años (25%)
    • 53 adultos de 36 a 45 años (20%)
    • 38 jóvenes de 31 a 35 años (14%)
    • 12 adolescentes de entre 13 y 17 años (4.5%)
    • 4 niños menores de 12 años (1.5%)
  • En cuanto al sexo:
    • 229 fueron hombres (82%)
    • 49 fueron mujeres (18%)
  • Los meses en que sucedieron:
    • 37 casos en enero (13%)
    • 31 en febrero (11.5%)
    • 38 en marzo (13.5%)
    • 30 en abril (11%)
    • 32 en mayo (11.5%)
    • 43 en junio (15.5%)
    • 35 en julio (12.5%)
    • 32 en agosto (11.5%)
  • Municipios en el que se cometieron:
    • 29% en Morelia
    • 28% en Zamora
    • 19% en Uruapan
    • 11% en Zitácuaro
    • 8% en Apatzingán
    • 3% en Lázaro Cárdenas
    • 2% en La Piedad
    • 1 caso en Jiquilpan

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