Ciudad de México – Reforma
Hace algunas días, esta misma semana expiró Rubén Ortiz, uno de los cuatro genios fundadores de Los Folkloristas, la agrupación de música latinoamericana tradicional más importante de la historia. Por ello, Israel Sánchez, del diario Reforma, le dedica este domingo estas líneas póstumas:
“Nosotros descubrimos que el folklore es un elemento de lucha social, que está ligado a las tradiciones e intereses populares”, diría Rubén Ortiz hace unos años al diario sudamericano El Clarín.
El incuestionable compromiso político de izquierda que floreció en el canto nuevo de Los Folkloristas, la agrupación pionera en la difusión de la música tradicional mexicana, cofundada por Ortiz, el arquitecto, intérprete y compositor cuya voz se apagó el pasado lunes a los 87 años.
Un fallecimiento pacífico en su casa de Coyoacán, sin relación con la actual amenaza viral de COVID-19, confirma a Reforma su hija, la compositora Gabriela Ortiz.
“No hay ningún otro síntoma más que un paro cardíaco, un paro respiratorio; dejó de funcionar su corazón. Hoy en la mañana todavía lo alcanzamos a bañar. Ya estaba débil, se sentía cansado, y de pronto dejó de respirar.
“Yo creo que la velita se apagó; fue realmente un poco por la vejez”, comparte.

De regreso en México, en la peña del músico Salvador ‘el Negro’ Ojeda, surgen en 1966 Los Folkloristas de la mano de José Ávila, René Villanueva, Jorge Saldaña y, por supuesto, Ortiz, cuya especialidad era el son jalisciense.
Ahí, en el insigne ensamble que llevara su música por América Latina y el mundo, tocara en el Auditorio Nacional en solidaridad del Partido Mexicano de los Trabajadores y hasta se adentrara en Lecumberri para ofrecer un recital a los presos políticos, Ortiz hizo historia.
“Mi papá es un referente para el canto nuevo de los años 70. Fue gran amigo de Daniel Viglietti y de Atahualpa Yupanqui”, destaca su hija.
Él es el autor de la icónica Zamba del Che, eternizada por Víctor Jara, cuya gira por México organizó el propio Ortiz. “Víctor Jara se hospedó en mi casa”, recuerda la compositora.
Pero su pasión musical iba mucho más allá del folklore, sostiene su hija al evocar que también fue un gran conocedor de la música de concierto, y que durante muchos años transmitió los recitales de la Orquesta Sinfónica Nacional en Radio Educación.
“Mi papá fue un verdadero amante de la música. Siempre fue un melómano de tiempo completo, como decía el maestro Mario Lavista.
“Todo eso yo lo heredé, el hecho de que yo sea músico en mucho se lo debo a mi papá. Tuve un gran apoyo y a un gran ser humano. Tengo la fortuna y la suerte de haber sido su hija”, subraya, orgullosa y agradecida.

El mismo apoyo incondicional que también brindó a su hijo, el artista visual Rubén Ortiz Torres.
“También fue un gran amante del arte y también apoyó a mi hermano”, apunta la compositora. “Fue una gente muy sensible, una gente siempre cercana al arte en todos los sentidos”.
Su partida fue lamentada en redes sociales por amigos, colegas, seguidores e instancias como la Secretaría de Cultura o la Fonoteca Nacional.
Así tuiteó su amigo Jorge Coulón, músico chileno fundador del histórico conjunto Inti-Illimani.
Así lo expresó, por su parte, el conocido compositor sonorense.
Con un panorama nacional aún bastante álgido a causa del coronavirus, un homenaje multitudinario para despedir al músico y celebrar su vida y obra parece imposible. Por lo menos la titular del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), Lucina Jiménez, no lo planteó a Gabriela Ortiz cuando le habló para externarle sus condolencias.

Esto, no obstante, no significa que no vaya a haber lugar para honrar al intérprete, sino que el espacio para ello habrá de ser desde la música misma, adelanta su hija, quien ya piensa en componer para él alguna pieza. Lo mismo que el director Carlos Miguel Prieto le propusiera tras darle el pésame por teléfono.
“Algo haremos”, subraya. “Seguramente le escribiré algo a mi padre, a su memoria. Seguramente será para orquesta”.
En tanto, y como externaron en Twitter Los Folkloristas, “nos quedamos con su música, su amor por el son y su calidez como persona y amigo”.
Con la voz que comulgaba con las ideas de izquierda y las batallas sociales a lo largo del Continente, responsable de aquel himno que continuará resonando:
“Selvas, pampas y montañas.
Patria o muerte su destino”.







