Melissa García – Morelia, Michoacán
La violencia intrafamiliar se ve replicada en los niños, se gesta en el corazón y se lleva con un sentimiento de coraje y heridas, que se debe ayudar a sacar de manera adecuada, consideró monseñor Juan Espinoza Jiménez, quien aseguró que un niño golpeado y maltratado en el futuro será un delincuente en potencia.
“La paz inicia en la interioridad de la persona, en el corazón del hombre. La violencia también se gesta ahí. Muchos de nosotros nos llenamos de resentimiento, coraje, marcas, heridas y nunca hemos tenido la oportunidad de que alguien nos ayude para que podamos sacar ese odio de una manera más adecuada y que no se descargue ese coraje, ese odio, ese rencor, sobre personas inocentes como pueden ser los hijos”, precisó.
El obispo auxiliar de Morelia señaló en conferencia de prensa que las situaciones de violencia como la suscitada en Torreón, Coahuila, donde un niño disparó contra su maestra y compañeros de escuela, constituyen una realidad “dura” y “triste”, que tiene sus raíces en una familia distorsionada.
“Estas situaciones de violencia intrafamiliar tienen una raíz en una vivencia distorsionada de la familia. Los padres de familia de hoy han vivido situaciones donde han sufrido violencia, machismo e injusticias.. Todo eso lo llevan en el corazón”, insistió.

Un niño que recibe comprensión va a ser una persona de bien, un niño golpeado, maltratado, que es educado con malas palabras, con descuido, que no se le atiende, será un delincuente potencial, consideró.
La familia, la escuela, las iglesias, el gobierno, las instituciones, todos debemos hacer sinergia para cambiar el rostro de este mundo y los corazones, resaltó.
El niño que disparó contra sus compañeros, dijo, “seguramente tenía un odio grande”.
“La escuela para nosotros nunca ha sido vista del todo con alegría, con gusto. Vamos a la escuela casi por obligación y cuando estamos chiquitos puede ser que la experiencia sea muy negativa”, expuso.

Todos los seres humanos necesitamos de ayuda, consideró Espinoza Jiménez, de un acompañamiento psicológico, no solamente las personas que “están totalmente mal”. “A todos nos haría bien hablar con un profesionista y que nos ayude a sacar esas cosas que no nos permiten ser felices”, añadió.
Finalmente, el sacerdote apuntó que se pueden buscar justificaciones, pero si la masacre fue suscitada por un videojuego también es un descuido de la familia, al permitirle al menor estar todo el día en los videojuegos.
“Para los padres es muy fácil darles el videojuego para librarse de la responsabilidad del cuidar de los niños”, juzgó.
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