OPINIÓN

Carlos Ángel Guedea

Ya tienen autorizadas las plazas, que había sido una de las banderas de su lucha callejera cotidiana, pero extrañamente hoy los normalistas salieron otra vez a las calles, aparentemente sin una causa de peso para quienes conocen medianamente cómo se mueven los estudiantes de la histórica institución.

Las causas de fondo tienen una explicación: mantener el control de la Escuela Normal Rural “Vasco de Quiroga” de Tiripetío, un control que se ejerce desde el cargo más importante de la estructura administrativa: la Dirección del plantel, a la que aspira más de uno.

La federalización de los servicios educativos en Michoacán, que alcanza a las ocho Normales del estado, está cimbrando y preocupando a esa masa estudiantil y administrativa, acostumbrada a moverse por la libre, al grado de reanudar hoy sus prácticas sistemáticas de secuestrar calles, sin el menor recato del daño que causan a una sociedad moreliana ávida de orden.

Y es que si de control se trata, hay malas noticias para los profesores que imparten clases en la Normal de Tiripetío, cuya adscripción está en otro centro educativo, porque el mismo proceso de federalización educativa implica una limpia administrativa, es decir, que todo maestro que imparta clases en una escuela que no es la suya, irremediablemente tendrá que volver a ella.

Hoy los normalistas se apoderaron por enésima vez de la vialidad que tanto les gusta, la avenida Ventura Puente, frente a la Secretaría de Finanzas, con el argumento de exigir el pago de adeudos. Pero las causas de fondo conducen a otras razones directamente relacionadas con seguir manteniendo a la Normal de Tiry, como un patrimonio propio, a la que ningún ciudadano común tiene acceso, ya no digamos para conocer sus instalaciones, sino para enterarse cómo es la vida interna de una escuela que se paga con los impuestos de todos.

La movilización de un centenar de normalistas, como fue el caso de hoy, no se consigue de un día para otro; responde a un orden de logística, estrategia y de discurso del que todos estén enterados para que cumpla sus propósitos. Eso sólo se logra con una cabeza que mueve, instruye, da órdenes y dice si hay que rectificar en el ‘campo de batalla’ cuando las cosas se salen de control. ¿Se mueven solos los normalistas?

¿Quién o quiénes ordenan a los normalistas apropiarse de autobuses repletos de pasajeros a los que dejan tirados en la carretera? ó ¿Quién o quiénes los instruyen a pedir “rescate” de esas unidades que han sido víctimas de sus excesos y vandalismo?

¿Quién autoriza a los normalistas apoderarse de las vías del tren, sabiendo el daño que ocasionan a toda una cadena comercial y productiva que reporta pérdidas millonarias cada vez que impiden el paso del ferrocarril? ¿Se mueven solos?

¿Quién es cómplice de que estos jóvenes dejen las aulas para salir a hacer activismo, y lo que es más, saquen los botes para colectar dinero voluntariamente a fuerza en los “puestos de control” que imponen en el tramo carretero que les plazca?

La pregunta cobra vigencia y relevancia: ¿Qué quieren los normalistas; se mueven solos?


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