Foto: Juan Antonio Magallán

Pátzcuaro, Michoacán – Juan Antonio Magallán

La apropiación de la muerte, con su ajuar funerario, merecidos altares y con un respeto sublime, se vive esta noche en el Templo de la Santa Muerte en Santa Ana Chapitiro, localizado en el municipio de Pátzcuaro. Es Noche de Muertos en Michoacán.

Foto: Juan Antonio Magallán


En la carretera Pátzcuaro- Erongarícuaro, en el tramo Tzentzénguaro y San Pedro Pareo, está el santuario de la Diosa Muerte, el más grande de Michoacán, dicen los lugareños.


Al internarse en el inmueble, el olor a incienso se siente, y hay esculturas de muertes al norte y sur, y al oriente y poniente también. Todo es muerte, y para musicalizar el ambiente, unos mariachis entonan canciones de José Alfredo Jiménez.

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Altares dedicados a la Santa Muerte y  algunos otros a cualquier ciudadano que le rinde culto a la última morada. La muerte es bien adorada en Michoacán, no solamente en los rincones donde pasó Pixarcon su película Coco; también en las zonas recónditas, geografía de sincretismos culturales y de historias particulares, como en Santa Ana Chapitiro.

Foto: Juan Antonio Magallán


Entrar a ese recinto es vivir escalofríos en la espalda. Hombres toro resguardan la puerta de Templo de Santa Ana Chapitiro, rapados y tatuados  barren de arriba abajo a los visitantes, y siguen bebiendo su caguama.

Adentro, hay dos pisos, el de abajo es para los turistas, pero arriba reina la solemnidad, las miradas te dicen: si no eres creyente, ni te acerques.

Foto: Juan Antonio Magallán


Es momento de dejar a la Niña Blanca con sus devotos, con su solemnidad y su fiesta, porque es Noche de Muertos y en Santa Ana Chapitiro, la celebran en grande.

Foto: Juan Antonio Magallán


Siguiendo el recorrido, asediando al Lago de Pátzcuaro, en Michoacán renace la tradición, cientos de personas cargan flores, ya sea en carretilla o a cuestas en la espalda, todos llevan el anaranjado del cempasúchil, para recibir el alma de sus muertos.

Foto: Juan Antonio Magallán


En el camino está Jaracuaro. Un cementerio con poca gente. Las 17:30 horas, se ve bien para caminar de día, los rayos del sol ayudan a no pisar las tumbas de los muertos.

Foto: Juan Antonio Magallán


En el camino, los infantes salen con su calaverita a pedir dinero de los conductores, su concepción de la muerte es perfecta, aun no perciben la dualidad de seguir viviendo.

Foto: Juan Antonio Magallán


Quiroga, Tztinztuntzan, Pátzcuaro y Erongarícuaro rodean al Lago de Pátzcuaro, en el último municipio la tradición está presente y viva sobre en Arocutín: no hay bebedores compulsivos, pero sí tumbas ornamentadas, la tradición sigue viva.

Foto: Juan Antonio Magallán


La carretera lleva a Santa Fe de la Laguna, comunidad que presumía una tradición inalterable; años atrás reinaba la solemnidad mortuoria, pero después de Disney y Coco, los turistas llegan a montones para querer ver a María Salud Ramírez Caballero o “Mamá Coco”, como fue bautizada una mujer centenaria que cohabita en la demarcación michoacana, musa de Lee Unkrich, director de la cinta.

Foto: Juan Antonio Magallán

La imagen fue exprimida por Disney y Pixar para generarle un giro emotivo a su cinta, pero a la fecha, Doña Salud no ha recibido un solo peso, pero eso sí, la gratificación de todos los visitantes que la buscan.

Foto: Juan Antonio Magallán


La ruta siguió por Quiroga, para regresar a Morelia. Puede resultar un camino alterno para evitar la congestión Tzurumutaro- Ihuatzio- Tzintuntzan o bien, un recorrido para vivir la celebración michoacana con la luz del día y con la ayuda del Sol, para no pisar las tumbas de los visitantes de esta Noche de Muertos.

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