Foto: Milenio

Vamos a decirlo como es: el presidente Andrés Manuel López Obrador reempoderó a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), les regaló todo lo que pedían en sus pliegos y manifestaciones, les dio derecho de picaporte en Palacio Nacional y les ofreció que las leyes secundarias de la reforma educativa modelo 4T se aprobarían sólo con su consenso.

Entonces, ¿por qué sorprendernos de que las y los agremiados a esa Coordinadora hayan tomado el recinto legislativo de San Lázaro e impedido la discusión y aprobación de la mencionada ley reglamentaria de la reforma educativa?, si el presidente de la República les dio manga ancha para hacer y deshacer, los dirigentes magisteriales seguirán haciendo de las suyas. Ellos sí están felices, felices, felices.

No, no hay que sorprendernos. Sólo digamos las cosas como son: López Obrador reempoderó a la CNTE y, en los hechos, le está entregando nuevamente el control del sistema educativo en los estados donde tienen mayoría, entre ellos Michoacán. Al ladito, beneficiario también de los pactos cuatroteistas, el SNTE de Elba Esther Gordillo se declara igualmente feliz, feliz, feliz, construye su partido político y se anticipan como futuros nuevos soldados y guardianes de la cuarta transformación.

Por cierto: nada tiene que ver con el mejoramiento de la educación en el país; nada, absolutamente nada. Todo es grilla y politiquería, cálculos electorales y proyectos de continuidad transexenal.

¿La educación? En lenguaje cuatroté: que se vaya al carajo. Ya lo dijo AMLO, el pueblo está feliz, feliz, feliz. Eso es: la felicidad se decreta desde Palacio. En desuso la caja idiota e idiotizadora, ¡que vivan las mañaneras y las redes sociales!

La CNTE, pues, decidirá en qué momento se discute y aprueba la ley reglamentaria de la reforma educativa hecha a su capricho. Será la CNTE también la que pondrá y quitará.

El presidente les dio ese poder. Hay que decirlo, porque así es. Y si él los empoderó, pues que él lidie con ellos. Lástima por las niñas, niños, jóvenes y padres de familia.

¿Y la educación? ¡Al carajo! ¡Fuchi! ¡Guácala! Qué no entienden: el pueblo está feliz, feliz, feliz… así está bien: la cuarta transformación requiere de un “pueblo bueno”.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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