Foto: Twitter @SEGOB_mx

Si el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta Saucedo, no se ajustaba “ni a la Constitución ni a las leyes” al reunirse con grupos armados, es de entenderse que tampoco su jefa, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, que hasta presumió esas reuniones como parte de la estrategia para la pacificación del país.

Pero algo no cuadra en todo este sainete provocado por una titular de gabinete federal, que al parecer se le fue la lengua, y uno de sus subalternos, que ya se sentía un Alfredo Castillo cualquiera, pero con encargo nacional.

No cuadra y además preocupa, porque estamos otra vez ante la evidencia que lastima: como no la tuvieron los otros, tampoco este gobierno (sí, el de la autollamada cuarta transformación) tiene claridad de cómo enfrentar el más grave problema nacional: la crisis de inseguridad, violencia y asesinatos.

Vamos al resumen de esta farsa: el subsecretario Peralta empieza a reunirse con grupos armados de Tamaulipas, Michoacán y Guerrero; algunos medios lo exhiben en encuentros públicos con personajes ligados a uno de los cárteles que tienen base en el territorio tamaulipeco.

Muy orondo, Peralta Saucedo se sigue por la libre; en Tamaulipas y Guerrero, no hace caso a los gobernadores que le advierten el error de los encuentros con presuntos criminales.

Esta semana, el martes 23 de agosto, la secretaria Sánchez Cordero sube al escenario y estalla el escándalo: hay reuniones con grupos armados, con los que “se dialoga y conviene para que depongan las armas”. Sí, con todas sus letras: diálogo y negociación con grupos armados. Lo dijo la secretaria de Gobernación.

Luego la confusión: que si se refería a las autodefensas, que si no, que si hay autodefensas buenas y malas… y entra al quite el presidente Andrés Manuel López Obrador: no hay diálogo con grupos armados, dijo en la mañanera del miércoles 21.

Pero eso a Saucedo no le importó. Ese mismo día se trasladó a La Huacana, en Michoacán, y se reunió con autodefensas de la región. Tan convencido de su chamba, hasta a reporteros de medios capitalinos convidó: que se vieran sus esfuerzos por “la pacificación”.

Hizo enojar, con razón, al gobernador Silvano Aureoles, quien incluso exhibió al subsecretario en su torpeza institucional: programó su gira por La Huacana sin avisar al gobierno estatal.

Pero lo peor, expuso Silvano, es que el gobierno de López Obrador apunta a cometer el mismo error que Enrique Peña Nieto: solapar y empoderar a estos grupos armados.

Llegó el clímax. En la mañanera del jueves, López Obrador de plano ya no se contuvo y se deslindó de las tareas encomendadas a Peralta, a quien llamó a actuar ajustándose a lo que marca la Constitución y las leyes.

O sea: ¿iban por la libre Sánchez Cordero y Peralta Saucedo? ¿López Obrador y su gabinete de seguridad no estaban al tanto? ¿No ha dicho él mismo que el presidente siempre está enterado de todo?

¿Por qué Sánchez Cordero no explica todo el enredo que provocó con sus declaraciones? ¿Qué dialogaba, qué negociaba con los grupos armados? ¿A quién informaba de esas negociaciones?

Definitivamente. Nada cuadra, todo preocupa. Sí está claro: no saben cómo enfrentar el problema de inseguridad y violencia.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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