Melissa García – Morelia, Michoacán
No debemos ser ingenuos, pues grupos delincuenciales superan las fuerzas del Estado, hasta en cuestión de armamento, afirmó Juan Espinoza Jiménez, obispo auxiliar de Morelia, quien reconoció, sin embargo, que el gobierno hace lo que puede, en la medida de sus posibilidades, para ofrecer “cierta seguridad”.
“También no podemos ser ingenuos; esto supera las fuerzas. Estos grupos son muy fuertes, en cuestión aun hasta de armamento, supera por mucho a nuestras policías”, evaluó.
En conferencia de prensa realizada en Morelia, el sacerdote declaró que el gobierno está tratando de hacer lo que está “en la medida de sus posibilidades” para dar algo de seguridad, e insistió en que la presencia de los grupos delincuenciales “y todas estas cosas que se dan de inseguridad y de violencia” a todos preocupa.
“Lo que se percibe a simple vista cuando hay más presencia de efectivos policiales, como estatales, federales y ahora la Guardia Nacional, es como que las cosas se hacen más tensas, y con razón, porque supuestamente vienen a proteger, vienen a cuidar, vienen a poner orden, y a veces las cosas se hacen más tensas”, diagnosticó.
Empero, añadió que “si cumplen su misión, se puede lograr mucho”.

Por el contrario, alertó, de manera lastimosa, “a veces también se hacen alianzas, y los policías también tienen temor de exponer su vida. A veces también ellos tienen su historia, tienen su vida y por lo poco que se les paga no van a arriesgarla, pero esto creo es un compromiso más completo de todos los ciudadanos”.
“No debemos ser insensibles ni indiferentes ante tantas muertes, como en lo sucedido en Uruapan. Es un escenario terrible y dramático. Eso no debe ser causa de temor ni mucho menos debe llevar a la gente a replegarse a sus casas.
“Creo que a todos nos compete luchar, trabajar por hacer cada vez un lugar más agradable. Estas cosas que se están dando son terribles, son grupos delictivos que están peleando el territorio o que están saldando cuentas”, refirió.
Deseó que los habitantes de Uruapan recobren la esperanza, la fe y con ello la confianza y el deseo de que, en nombre de Dios y del bien común, continúen con un ritmo de vida “normal”.
“Como creyentes se debe pedir mucho a Dios por este tipo de situaciones, implorando porque la paz llegue entre tanto derramamiento de sangre”, fue su propuesta ante la crisis de inseguridad.
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