Deshonroso. Sí, es el calificativo que alcanzó el procedimiento para designar al Auditor Superior del estado, manchado de origen tanto por los diputados locales como por los propios aspirantes, hoy bajo la duda del amaño y el tráfico de exámenes.
Un lodazal, pues, ni más ni menos que para elegir a quién será la o el próximo responsable de la Auditoría Superior del Estado. Ni más ni menos. ¿Qué va a auditar alguien que participa en triquiñuelas?
Indecoroso aún más el papel de los diputados priistas Marco Polo Aguirre y Eduardo Orihuela Estefan, que tras ser exhibidos en la treta, recurren al peor de los recursos: acusar a otros de pretender descarrilar y “desvirtuar” el proceso. ¿Se puede “desvirtuar” lo que carece de virtud? Protagónicos, sin defensa, la fastidiosa retahíla de Orihuela y Aguirre es el fiel retrato del berenjenal en que se mueven.
¿Y los aspirantes? Su silencio los hace cómplices y evidencia. Deberían ser los primeros en deslindarse del tráfico de exámenes que se denunció y exigir la reposición del procedimiento, con otras pruebas y otros evaluadores.
Sería mucho esperar que, por dignidad, renunciaran a seguir con la farsa.
No, no esperamos peras del olmo. Simplemente, sencillamente: un escrito, con algo de seriedad, para pedir la reposición del procedimiento. Limpieza en el proceso. No lo hicieron y perdieron la oportunidad del deslinde, porque de la exhibida no se salvó ninguno: ni los reprobados ni quienes supuestamente pagaron los exámenes con calificaciones de “excelencia”.
Bueno. No lo pidieron ellos, pero sí PRD y PAN, que ojalá sea cierta y no de conveniencia su postura. Y que venga la reposición. Es lo mejor. Borrón y cuenta nueva.
Otros exámenes, otros examinadores, ¿otros aspirantes?
Sería lo mejor.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!




