Foto: AFP

Con los que parece que el diablo sí trae mucha bronca es con los priístas, que nomás no ven una y ya se les abren las puertas del infierno: la orden de aprehensión contra el ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin. La corrupción, el peor de los pecados del PRI, otra vez será el gran tema.

Con esta tenebrosa historia, para colmo de los males en el tricolor, se clavarán los últimos clavos al ataúd de lo que alguna vez quiso ser “el nuevo PRI” y quedarán sepultadas todas las reformas que en aquel Pacto por México se fraguaron; un Pacto que, a la distancia, parece haber sido firmado, sí, por el mismo diablo.

Así es, Emilio Lozoya Austin, fue integrante destacado de esa generación de priistas que retomó el poder presidencial en 2012, tras doce años de ausencia. Con Enrique Peña Nieto como la cabeza visible, siete años después, ese grupo representa la catástrofe del tricolor.

Porque el caso Lozoya Austin y las órdenes de aprehensión en su contra por los delitos de lavado de dinero, fraude y cohecho, abrirán en nuestro país uno de los casos de corrupción más escandalosos, no de México, sino del mundo: los sobornos de la compañía Odebrecht, el gigante del continente en la construcción. Y los priistas están en el centro.

Si la investigación y el proceso contra Lozoya transita por el camino hasta ahora señalado, inevitablemente se llegará a la campaña presidencial de 2012; sí, esa que traía la historia del “nuevo PRI”; la de Peña Nieto, la del Pacto por México y sus reformas.

Lozoya es sólo una pieza del enorme rompecabezas. La punta del iceberg que hundirá el barco tricolor. ¡Sálvese el que pueda!

¿Qué quedará para dirigir a quien resulte ser el próximo presidente nacional del PRI? ¿Qué dirigirá y hacia dónde?

Los años del PRI parecen contados.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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