Si sorpresiva resultó la renuncia y denuncia de Germán Martínez Cázares, más aún fue la posición que adoptó el presidente Andrés Manuel López Obrador: un completo desdén a los puntuales señalamientos que hace el dimitente sobre la crisis que atraviesa el IMSS y que pone en riesgo la atención y servicios a los derechohabientes.
Sorprende también que nadie en la Secretaría de Hacienda responda a las acusaciones del extitular de la principal institución médica del país y su “perniciosa injerencia” en decisiones que atentan contra la salud de los mexicanos.
No es un asunto menor como parece verlo el presidente, para quien simplemente es “lamentable” la renuncia de Martínez Cázares, a quien sustituirá con otro “buen funcionario”, de los muchos que dice tener a la mano; tampoco se trata de decir que ya llegará al IMSS alguien que sí quiera trabajar sin quejarse y con lo que hay, y que Hacienda tiene la razón en el control que ejerce sobre la administración y conducción del Instituto.
En la extensa carta con la que Martínez Cázares explica sus motivos y razones para renunciar, hay temas de fondo que el jefe del Ejecutivo federal debería tener interés en investigar, por una sencilla razón: con la salud no se juega.
En tal sentido, uno habría esperado del primer mandatario, al menos, su compromiso de investigar lo que se denuncia y revisar si las irregularidades son de las dimensiones expuestas.
Centrémonos por ahora en uno sólo de los puntos denunciados: la precariedad en el abasto de medicinas. Es gravísimo lo que advierte el ahora ex director del IMSS: “en algunos lados el abasto pende de un hilo”. Así de contundente.
López Obrador asegura que se trata de combatir la corrupción. Puede ser. Pero ojalá tenga claro el líder de la cuarta transformación que este no es un tema ni tantito parecido al de las gasolinas y el huachicoleo y que si bien es importante combatir las malas prácticas y/o los abusos, esta vez no lo puede hacer a costa de la salud de los mexicanos.
Vaya: no es lo mismo apelar al apoyo de los mexicanos durante el desabasto de las gasolinas, que pretender comprensión por el eventual desabasto de medicinas, situación a la que, según Martínez Cazárez, estamos a un tris.
Ojalá lo entienda López Obrador: la de Martínez Cázares no es una renuncia cualquiera, mucho menos por los durísimos términos en que se da y las graves acusaciones que hace.
Insistimos: con la salud no se juega.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!
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