El hecho, por sí mismo es escandaloso por alarmante: el presidente Andrés Manuel López Obrador envía un memorándum que supone por encima de la Constitución y todas las leyes que de ella emanan y ordena a las secretarías de Educación, de Gobernación y de Hacienda dejar sin efectos la reforma educativa aprobada por el Congreso de la Unión en 2013. Todo con el poder de su firma.
¿Tantea el presidente a la CNTE y al SNTE, que se dicen defraudados por su propuesta para el magisterio? ¿Tantea a la oposición, a los legisladores, a los ministros de la Corte, a los mexicanos en general y a ver qué pesca en el río tan revuelto? Algo trama, algo tantea, porque eso de ponerse en estilo Luis XIV, casi declarar ‘el Estado soy yo’ y háganle como quieran, no genera más que escándalo, repudio y desconfianza.
Al rendir protesta al cargo, López Obrador juró respetar y defender la Constitución; ha repetido como ninguno que nadie en su gobierno, empezando por él, actuará al margen de la ley, tampoco por encima.
¿Y entonces? ¿De dónde salió la provocación esa de querer gobernar ya no con la Constitución, sino con el memo en la mano? ¿A quién se le ocurrió semejante idea? Ni modo que experimentados juristas como Julio Scherer Ibarra -consejero del presidente- y Olga Sánchez Cordero -secretaria de Gobernación y ex ministra de la Suprema Corte- no hayan advertido que pretender abrogar una reforma constitucional con un simple memorándum es nada menos que una aberración. ¿O si lo advirtieron pero ni caso les hicieron?
Pensemos que la intuición política de López Obrador lo condujo a la firma del mentado memorándum para tantear a los sindicatos magisteriales, presionarlos, convencerlos de que sigue siendo su aliado contra la “mal llamada reforma educativa de Enrique Peña” y alcanzar pronto los acuerdos para su propia reforma.
Si va por ahí la determinación, mal. Ni la CNTE ni el SNTE son nuevos en estas lides y saben perfectamente que el memorándum de AMLO carece de sustento legal y que la reforma educativa que quedó plasmada en la Constitución ahí seguirá, con un agravante para las dirigencias magisteriales: jura y perjura el presidente que ni las plazas ni los recursos volverán a estar bajo su control.
En ese terreno, el memorándum de AMLO será visto por CNTE y SNTE, no como un un buen gesto, sino como un intento de tomarles el pelo, como una nueva traición. Porque está claro que en ese pacto alguien mintió, alguien no está cumpliendo. Alguien se cree traicionado.
Mal tanteo parece ser ese. El costo político y social puede ser muy alto y los beneficios cortos, quizás nulos.
En otro escenario: ¿tantea AMLO al resto de los mexicanos? El dichoso memo es un autentico misil contra los poderes Legislativo y Judicial, evidencia el profundo desprecio del mandatario por las cámaras del Congreso de la Unión y es un fiel retrato del actual gobierno: sólo el presidente dice y dicta cuándo y cómo hacer las cosas. Sólo él encarna las instituciones y, omnipotente, se ubica al margen y por encima de la ley. Su poder es supremo, supone.
Eso parece. Y si ese es el tanteo, gravísimo para el país.
Entretanto, y como son éstos días de guardar, volveremos a encontrarnos hasta el próximo lunes…
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!
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