Morelia, Michoacán.
En el nuevo paradigma de la educación, el proceso de enseñanza-aprendizaje va más allá de la historia y los números: implica diversos factores que, de no atenderse, la única garantía que se tiene es la del fracaso.
Uno de ellos es el de la infraestructura digna, suficiente y segura. Eso lo saben en Michoacán y por ello, desde hace poco más de dos años, se inició una lucha franca para eliminar de su geografía las llamadas escuelas de “palitos” y sustituirlas por espacios óptimos, acordes a las demandas de cada localidad.
Y es que, cuando una madre o padre de familia envía a sus hijos a la escuela, no sólo confía en que aprendan a leer y escribir, que conozcan de historia y que desenvuelvan sus habilidades en las matemáticas, las artes o la ciencia; ellos esperan que puedan recibir esa enseñanza en condiciones seguras, en un espacio apropiado.

Uno de los mayores reclamos tanto de docentes, como de los paterfamilias, es precisamente, tener escuelas dignas; donde además de la enseñanza, se propicie la buena convivencia entre el alumnado y se construya, desde esos espacios, la armonía social tan necesaria en los tiempos actuales.
En el año 2016, el Gobierno del Estado, por medio del Instituto de la Infraestructura Física Educativa (IIFEEM), y de acuerdo al padrón de la Secretaría de Educación Estatal, contabilizó 271 aulas y espacios educativos “de palitos”, en 167 planteles localizados a lo largo del territorio estatal.
Niñas y niños recibían clases en salones habilitados con algunas tablas, láminas de cartón y lonas de plástico; en pisos de tierra, con algunas butacas y pizarrones viejos, y a penas un cuartito que funcionaba como letrina.
Pero, además, se identificó que, de cada 10 escuelas de ladrillo y cemento, ocho se encontraban en condiciones precarias, es decir, necesitaban renovarse.

El gobernador Silvano Aureoles Conejo, quien, en repetidas ocasiones, al recordar su infancia hace alusión a que la maestra Honoria le enseñó las primeras letras a la sombra de un árbol -porque no había dónde atender a los niñas y niños-, se propuso desde el inicio de su gestión mejorar todos los espacios educativos y ofrecer a las alumnas y alumnos espacios adecuados para el proceso de enseñanza-aprendizaje.
DE MÁS DE 2 MIL MDP LA HISTÓRICA INVERSIÓN
Así, en los últimos tres años se ha destinado un presupuesto histórico para la construcción, rehabilitación y/o equipamiento de las escuelas en la entidad; se han atendido 2 mil 500 planteles educativos, con una inversión de 2 mil millones de pesos en beneficio de 570 mil estudiantes.
De ese recurso, poco más de 160 millones de pesos se ejercieron en la construcción de 362 aulas, servicios sanitarios, bodegas, direcciones, patios cívicos y/o canchas deportivas, de escuelas “de palitos”.
LA ESCUELA EMILIANO ZAPATA DA UN GIRO DE 180 GRADOS
Enrique Acosta Benítez, maestro originario de Huetamo y con 35 años de servicio docente, llegó a Morelia hace cuatro años con un objetivo: acercar la educación a los niños y niñas de colonias marginadas.
“Cuando uno es perseverante y constante yo creo que se logran las cosas. Yo ya tengo 35 años de servicio, de los 35, tengo 33 como director de escuela primaria, y más o menos ya sabía el mecanismo de cómo fundar una escuela. La escuela más cercana estaba a 4 kilómetros, entonces cumplíamos con el requisito que no esté una escuela tan cercana a la otra, hicimos las gestiones y logramos fundar la escuela en la colonia Loma Larga”, comentó el profesor.
El plantel era totalmente de palitos, pero gracias a la persistencia del director fundador y la instrucción del mandatario michoacano, se ha ido construyendo un nuevo rostro para la “Emiliano Zapata” en varias etapas, para dar clases de manera digna a los 260 alumnos y alumnas que ahí acuden.

“Iniciamos el 21 de agosto de 2017, con puras aulas de palitos, tuvimos que construir seis aulas de palitos, recuerdo que la lámina la pusimos un domingo, el día 20 de agosto, incluso nos la dieron a crédito, porque no había para comprarlas, y mi oficina era una aulita de maderita con hojas de cartón; los baños eran de madera, en fin, de cartón, e iniciamos con 120 niños y niñas ese día”, recuerda el maestro Enrique.
A 19 meses de distancia de aquel 21 de agosto, las cosas ya no pintan igual para los menores que reciben clases, aquel patio lodoso y aquellas aulas de cartón y madera, fueron sustituidos por cuatro aulas de concreto, sanitarios y un patio cívico techado, para lo cual el Gobierno Estatal aportó cerca de 4 millones de pesos.
Como parte de una segunda etapa, están en proceso dos aulas más, también con aportación del Ayuntamiento de Morelia.
“Los maestros trabajan mejor, los niños están más cómodos y tenemos la manera de utilizar algún proyector, alguna grabadora, cualquier herramienta tecnológica que nos pueda servir; entonces, claro que cambia mucho y se nota el rendimiento porque, simplemente, la comodidad con la que ya están los niños, es impresionante, es un cambio bastante significativo”, finalizó el docente.







