Campañas negras, desde el Palacio de Allende

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El tercer Ojo

Por Arturo Tzintzun

Vaya que el abuso de las redes sociales es un tema que le cae de perlas a la clase política. Es barato, cualquiera puede tener acceso, no existe responsabilidad de ninguna índole en los contenidos, y por lo mismo nadie ni nada que los regule. Ya lo dijo en alguna ocasión Umberto Eco: “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas”.

Los medios tradicionales sostenían algunos filtros para que se publicara únicamente lo que tenía un sustento; si no era por la fuerza del mismo, lo era por el respaldo de la autoría. Pero con las redes sociales la sentencia del gran maestro Eco es contundente: el éxito está en que los idiotas tienen el modo de publicar sus creaciones.

En las últimas semanas, una serie de protagonistas de la vida política y de la administración pública en Michoacán fueron blanco de una guerra sucia en las redes sociales. Principalmente el gobernador Silvano Aureoles, y no pocos legisladores.

Desde el inicio se identificó un interesante patrón: todos ellos son posibles contrincantes de la intención del presidente municipal de Morelia, Raúl Morón, de llegar a la candidatura al gobierno estatal; o de algún modo, obstáculos para el mismo fin.

También se logró identificar al encargado de la comunicación social del ayuntamiento capitalino, Antonio Aguilera, como el artífice del proyecto de desprestigio.

¿Qué más se sabe? Resulta que en el cambio de gobierno edilicio, a la llegada de Omega Vázquez a la titularidad del Colegio de Morelia, fue despedido un jefe de departamento de nombre Alfredo S., con lo que inició un suplicio para lograr la liquidación que por ley le corresponde.

El empleado cesado recurrió a varios funcionarios, hasta llegar a la oficina de Roberto Monroy, secretario de Turismo, quien lo puso a las órdenes de Aguilera. Y éste, raudo y veloz, conociendo que se trataba de un especialista en contenidos digitales, lo encauzó en una campaña de golpeteo contra los políticos a cambio de acelerar el pago reclamado.

La orden fue directa: “ya sé quién eres; tu verás cómo, pero quiero que madrees a todos estos”, le habría dicho el encargado de la comunicación social a Alfredo, al momento de extenderle un papel con el nombre de todos los blancos a los que debía dirigir sus ataques.

Alfredo buscó a Gabriel Prado Fernández, secretario de administración municipal. Incluso, a Monroy le advirtió lo que le habían ordenado en el Palacio de Allende: “quieren que madrée”. Y es que son claras las intenciones de Morón de ser gobernador; la presidencia municipal es solamente un trampolín.

De la historia de golpeteo ya tiene conocimiento el Gobierno de Michoacán -se habla de al menos 60 capturas de pantalla con conversaciones, 14 videos, la declaración del autor material y otras evidencias-, por lo que interpuso una denuncia penal en la Fiscalía Anticorrupción.

De Morón hay que decir que se trata de su estilo personal de proceder, así lo hizo durante toda su carrera como dirigente magisterial y le rindió extraordinarios frutos saqueando a los gobiernos en turno bajo amenazas y extorsiones. La diferencia es que ahora no está al frente de un radical sindicato, sino de un cuerpo edilicio.

Y si él no está detrás de estos ataques a sus adversarios, peor aún. Porque entonces no le están informando de lo que están haciendo sus súbditos.

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