Lo decíamos en nuestro Entremés de ayer: el principal eje del gobierno de Andrés Manuel López Obrador es mantenerse en campaña, rumbo a los comicios intermedios de 2021, claves para consolidar su proyecto transexenal.
Lo confirmaron el mismo día los diputados federales de Morena y sus aliados, con la aprobación de la reforma constitucional que abre paso a la consulta popular para la revocación de mandato, que sería concurrente (y vinculante) con la elección del 21 para renovar la Cámara de Diputados, además de 13 gubernaturas y cientos de alcaldías y diputaciones locales.
El siguiente paso es presentarla al Senado de la República. Y hasta donde sabemos, la orden está dada: no habrá concesiones como las que se dieron a los partidos opositores en la negociación para crear la Guardia Nacional. La encomienda a Ricardo Monreal, coordinador morenista en la Cámara Alta, es buscar los votos que hacen falta para hacer mayoría.
Buena prueba para la oposición. Los senadores del PRI, PAN, MC y PRD vivirán su momento.
Pero mientras llega, el debate se agrió. Y se radicalizó. Como si motivos y razones faltaran para confrontar y polarizar aún más en el ya de por sí crispado escenario político nacional. A ver hasta dónde aguanta la economía que se siga estirando la liga más, más y más.
No faltaron así, posiciones y análisis que ven en la iniciativa aprobada en San Lázaro aspiraciones reeleccionistas. Intelectuales, académicos, empresarios y políticos así lo percibieron. Y lo dijeron.
Pero no exageremos, ni invoquemos -todavía- espectros y escenarios de verdadera catástrofe. Quedémonos -que no es poco riesgoso para el país- en lo que sí es: estamos ante una amenaza real, no encubierta ni simulada, de legalizar y legitimar las elecciones de Estado y un régimen hiperpresidencialista.
¿Alguna duda? Sólo un ciego no ve lo que tiene enfrente: el presidente y su partido pretenden decidir cuándo y cómo organizar una consulta popular de revocación (en realidad ratificación con todas las de la ley) de mandato y buscan dar manga ancha, sin diques ni candados, al poder presidencial para hacer campaña electoral en favor del resto de los candidatos y candidatas de su partido.
El PRI, el más viejo, gandalla y corrupto PRI envidiaría tamaño de osadía.
Es lo que es la iniciativa aprobada en San Lázaro este jueves. Y ni modo que digan que es puro espíritu democrático…
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







