Foto: Gobierno de México

Los buscadores de contrapesos a la figura y poder del presidente Andrés Manuel López Obrador, si no se hartaron, ya se cansaron de tanto invocarlos y nomás que no aparecen. Sin consuelo, deambulan por avenidas de la amargura.

Quienes se ilusionaron -muy pocos- con la pronta reacción de los partidos de oposición, en tanto, se dan frentazos en el muro. Nada, si no son pérdidas y desplantes, muy poco para contar de ellos.

La enorme popularidad de López Obrador, su singular carisma y la aceptación que goza entre la mayoría de los mexicanos los tiene atornillados, aturdidos, dando palos de ciego. No se reponen a los números de la elección de julio del año pasado.

Buscadores de contrapesos e ilusionados en la oposición, pidan tregua. Para ridículos, cursilerías y fracasos, cuenten los de la iniciativa del gobernador panista de Chihuahua, Javier Corral, y no se condenen a ser los hazmerreíres del sexenio. Quédense en el piso del club de los ternuritas y no avancen más. No se expongan.

Han dado muy malas notas en los primeros cien días de gobierno lopezobradorista. Y están reprobados. Ni contrapesos ni oposición, es más que la verdad.

Y ya dejen de hacerse los sorprendidos: Andrés Manuel López Obrador, ahora como presidente, no es más ni es menos del político que ha sido siempre; no hace ni dice nada que no haya dicho, escrito y prometido en sus tres campañas. Sorpresa sería lo contrario.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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