No se ha cansado la diputada de Morena, Cristina Portillo, de repetir que el partido necesita una coordinación parlamentaria en el Congreso local “fuerte y sólida”. La noche del miércoles, defenestrado Alfredo Ramírez Bedolla de esa coordinación, la legisladora llamó a “la unidad” en torno del relevo, Fermín Bahena.
Dejando aparte y para otra ocasión la grilla que se traen en Morena, inquieta saber qué entiende la ex perredista por “fortaleza, solidez y unidad”, porque no hay de muchas sopas: no teniendo la mayoría en el Congreso de Michoacán, Morena dialoga, negocia y acuerda con las otras fuerzas políticas y el gobierno estatal, o se convierte en férrea oposición en los temas sustantivos para la entidad.
Borrón y cuenta nueva. Ya está. Ahora, ¿cuál es la agenda legislativa de Morena en Michoacán? Portillo y Bahena tendrán que ponerla sobre la mesa y decidir si quieren sacarla adelante o la guardan en algún cajón.
Poniéndonos en plan ‘ternurita’: contrapeso del gobierno de Silvano Aureoles y oposición responsable para construir políticas públicas; o fuerza contraste para construir un proyecto partidista y electoral desde ahora y durante los próximos dos años.
Dirán que una y otra cosa no se contraponen y que tienen voluntad para el diálogo y la construcción de acuerdos, pero… Escucharlo y creerlo, será algo más que tierno.
Ya, hablando en serio: ¿qué tipo de oposición encabezarán los morenistas Portillo y Bahena en el Congreso de Michoacán?
Borrón y cuenta nueva. Ya está. Fortaleza, solidez y unidad, arenga Portillo y sólo ella sabe para qué o con quién.
Pero tampoco tiene de muchas sopas. Y sólo de una habrá de probar.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







