Cien días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador están por cumplirse: primera etapa de una intensísima extensión de la campaña para consolidar la popularidad del presidente (AMLO como marca de la cuarta transformación), sus programas sociales-político-electorales y ampliar la imagen de un país en el que los ciudadanos detestan todo lo que tiene que ver con PRI y PAN (el odiado neoliberalismo) y están al cien con la propuesta lopezobradorista.
La estrategia fue diseñada desde el periodo de la transición. Está más que clara y se desarrolla sin ningún rubor: explotando al máximo el enojo -cierto- de un amplio sector de la población con la inseguridad y la corrupción que se fueron para arriba en los pasados tres sexenios.
¿Resultados de estos 100 días? Las encuestas sobre la popularidad/aceptación de AMLO dicen que ese flanco sigue siendo el más fuerte. Ha crecido su imagen y los sondeos le dan un voto de confianza entre los ciudadanos que oscila entre el 70 y 80 por ciento.
La sobrexposición del mandatario (mañaneras, aeropuertos y mítines en plaza abierta los fines de semana, con todo y abucheos programados y ordenados contra los gobernadores que no son de Morena) les ha funcionado, por ahora.
En donde no hay plena satisfacción es el tema de los programas sociales: demasiada publicidad y promoción (a cargo y cuenta del propio AMLO) y todavía metas muy difíciles de alcanzar. Por esa lentitud, los responsables de esos programas ya se ganaron el regalo presidencial la semana pasada, en reunión formal de trabajo entre el Ejecutivo y su gabinete.
Los más de 20 millones de ciudadanos que buscan atender directamente con subsidios y becas (AMLO como el gran benefactor), es el objetivo de este año. Así lo tienen medido en el proyecto político-electoral de la cuarta transformación. Y les urge.
En esto AMLO no cederá un ápice: él y sólo él, sin intermediarios, distribuirá los recursos de subsidios y becas. No es broma ni exageración: si pudieran les pondrían la marca registrada de la cuarta transformación: AMLO.
En cuanto a la proyección de la imagen nacional con un pueblo desbordando optimismo, iba todo bien… hasta que salió el prietito en el arroz y se descubrió que los abucheos y juicios en plaza pública a los gobernadores de la oposición eran orquestados por Morena.
Obligados, deberán cambiar ahí un poco de estrategia.
En conclusión, a poco de cumplirse los primeros días de gobierno de AMLO, su imagen y popularidad van viento en popa. Misión cumplida para los soldados y generales de la cuarta transformación.
Lástima que todo eso no signifique un buen gobierno para todos.
Así es: popularidad no es igual a buen gobierno. El desequilibrio, más pronto que tarde, romperá los primeros platos.







