Cumple 90 años, está viejo y enfermo, pero -a pesar de sus dirigentes que a veces parecen empeñados en destruirlo- tiene larga vida por delante… de la mano del menor de sus herederos naturales, hoy en el poder: Morena.
Así es. El nonagenario tricolor tiene estables sus signos vitales y en los próximos años, sea quien sea que llegue a dirigirlo, sobrevivirá con el oxígeno que le brinde, solícito, el partido de Andrés Manuel López Obrador que, seguro, lo mantendrá con relativa fuerza en algunos estados, donde siempre será mejor tener un priismo silente y negociador, que una derecha conservadora, malqueriente y confrontacionista.
¿El mandatario de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, o el ex rector de la UNAM, José Narro Robles? Tampoco hay más, eh. Las aspiraciones de la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco, son como un cuento de hadas, y las del ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, una pesadilla, la peor que pueden tener hoy los priistas.
Quienes apuntan a Miguel Ángel Osorio Chong en la contienda por la Presidencia del CEN -que por primera vez en la historia del priismo será en elección abierta a la militancia, organizada por el INE para darle mayor legitimidad- tal vez lo hacen más por deseos que por convicción.
El ex secretario de Gobernación tiene una bien ganada posición como coordinador de los senadores del PRI, desde donde seguirá ganando interlocución. No tiene Osorio, además, por qué exponer el espacio y liderazgo que ya tiene ganados dentro de su partido y frente al gobierno de López Obrador.
Por lo que hace a Moreno Cárdenas y Narro Robles, cualquiera de los dos aseguraría, por un lado, la unidad partidista -cúpula y bases- y una transición más o menos ordenada, más o menos pacífica, pero obligada al interior del partido, que tiene enormes retos por delante, dos de ellos impostergables: sacudirse la imagen de corrupción que le han creado algunos de sus militantes y redefinirse en el terreno ideológico y programático partidista.
Entretanto, quien resulte electo el próximo mes de julio para dirigir al PRI hasta 2023, tendrá que saber sortear la inevitable purga y formación de nuevos cuadros, factores sin los cuales difícilmente entregará buenas cuentas.
El caso es que -¡y quién lo iba a decir después del desastre electoral del año pasado!- el PRI llega a sus 90 años con sus signos vitales estables: el oxígeno que le darán desde Palacio Nacional y con dos perfiles bien definidos para dirigirlo con certeza y sin exabruptos, les dan buena proyección hacia el futuro.
No es mala la perspectiva. No es poca cosa; más si consideramos que se encuentran con la peor representación que han tenido en su historia, tanto en gobiernos locales como en el Congreso de la Unión.
Y hasta tienen para entretenerse con sus figuras: ‘Alito’ Moreno Cárdenas (Amlito, pa’los cuates, por favor) y Narro Robles (el Bernie Sanders de los tricolores).
Buenas pinceladas, ni hablar.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







