Ayer decíamos que el paso histórico de Procuraduría a Fiscalía -no sólo en Michoacán, sino en todo el país-, tiene una singularidad: fuera de tecnicismos, la nueva figura institucional para investigar, combatir y castigar a los criminales crecerá en los tiempos en que la seguridad pública estará en manos de los militares -ya hemos dicho aquí que en realidad eso fue lo que aprobaron los senadores la semana pasada- y cuando hay nuevos delitos graves que perseguir, según el nuevo catálogo aprobado también por el Legislativo nacional.
Todos estos temas son los que nos deberían estar ocupando, y no los pleitos partidistas de un grupo reducido políticamente por sus propias mezquindades. Buena moraleja, entonces: el que por mezquindad ataca, por mezquindad es atacado. ¿Lo aprendieron?
Bueno, decíamos: muy atentos tendremos que estar en la integración, conformación y primeros pasos de las nuevas fiscalías, pues no sólo por su naturaleza misma, sino por las leyes que en general se han ido actualizando (para bien o para mal, eso sólo lo sabremos con el tiempo), deben llevar a cabo una profunda transformación de lo que hasta ahora ha sido el ministerio público.
Capacitación, profesionalización y recursos materiales y humanos para la investigación, son los tres factores clave que de inmediato aparecen. En el caso de Michoacán, son responsabilidades que el fiscal Adrian López Solís debe apuntar en su lista de prioridades, más porque en los próximos meses se le vendrán, como avalancha, una serie de exigencias contra la corrupción y la impunidad.
Sobre la delincuencia y los delitos de alto impacto en la opinión pública, el fiscal López Solís tendrá una doble exigencia: la integración de sólidas investigaciones y acumulación de la prueba del delito, ha de ir acompañada por la depuración de la institución, hoy carente de credibilidad y confianza, más temida que respetada.
Ahí está la singularidad de las nuevas fiscalías: cómo adaptarse a los tiempos de la militarización de la seguridad pública y a un nuevo catálogo, más amplio, de delitos graves con prisión preventiva.
Y por cierto, a todo esto, ¿dispone López Solís de los recursos (económicos, de entrada) para hacer frente a estos cambios y necesidades?
Porque los tiempos corren.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







