Horas clave vive la República. Así de grave: entre hoy y jueves, se presentará y votará en el Senado el dictamen de iniciativa para crear la Guardia Nacional con mando militar y sus jefes de Estado Mayor como responsables de la seguridad pública en el país.
Por lo que se lee y se alcanza a descubrir, en el jaloneo político por el plan de seguridad y la formación de un nuevo cuerpo militarizado en funciones policiacas, en Morena y Palacio Nacional tienen plena confianza que tendrán los votos suficientes para alcanzar la mayoría calificada que se requiere para aprobar la iniciativa.
¿De la bancada del PRI saldrán esos votos? Todos aseguran que ahí está la clave. La reunión que los gobernadores del tricolor tuvieron ayer con los integrantes del gabinete de seguridad y sus declaraciones posteriores, son indicativas de que serán el fiel de la balanza en esta discusión. Y sí, los ojos están puestos en el nonagenario partido.
Como sea, el presidente Andrés Manuel López Obrador se está jugando -en buena apuesta- parte de la enorme aceptación popular de la que goza. Y que a decir de las encuestas va en aumento.
Porque no hay que engañarnos: los niveles de inseguridad son tan preocupantes que, hoy por hoy, no hay colonia, barrio, ejido, ranchería, municipio, ciudad, estado o región, que la mayoría de la gente no pida la presencia de las fuerzas armadas. Será el sereno, pero militares y marinos son los únicos que hoy tienen la confianza de los mexicanos para combatir a la delincuencia.
Eso lo sabe, ahora como presidente, Andrés Manuel López Obrador. Y percibe que por ahí tiene el juego, la apuesta ganada. La eventual creación de la Guardia Nacional con mando militar no causará mella en su respaldo popular, a pesar de la campaña en redes contra la “militarización y la simulación”. Muy a pesar de sus críticos, que no terminan de entenderlo.
Tampoco hace sentido la oposición panista -a la que se han montado sus aliados del pasado proceso electoral, PRD y MC- y sus críticas a la participación del Ejército en el combate al crimen. Fueron ellos, los azules, los que sacaron a la tropa del cuartel, y defendieron con tal elocuencia esa determinación, que hoy resulta hueca, anodina su contra argumentación.
Tan anodina como su propuesta alternativa de fortalecer las policías estatales y municipales, que fue uno de los más rotundos fracasos de los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
Quieren los panistas descubrir el hilo negro… y se enredan con el.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







