La sección 28 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en Michoacán se replegará y suspenderá tomas y plantones. Qué bueno. Un respiro para todos.

Pero que nadie aplauda ni lance vivas. La verdad sea dicha, todo este sainete, dejó una sola, única conclusión: la educación (fuera de los estribillos conocidos) es lo que menos importa. Tampoco el desarrollo de infraestructura escolar. Y muchos menos la capacitación de maestras y maestros.

Por lo demás, el repliegue de la Coordinadora es táctico, incluso para el reagrupamiento (y descanso) de sus bases. Vienen las batallas decisivas por la reforma de la reforma educativa (sí pues, así se dice) y con toda seguridad, delo como un hecho: si no transita por el camino por ellos trazado, volverán a salir a las calles; reanudarán las tomas y regresarán los campamentos y los plantones.

En el caso de Michoacán, las minutas y bonos de la CNTE, son “conquistas” innegociables, intocables según todo parece. La Secretaría de Educación Pública (SEP), así se los ha hecho saber. Falta ver cómo resuelven el tema de los recursos.

Y falta ver qué dice la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), una vez que conozca la respuesta del gobierno federal a la controversia que promovió el gobernador Silvano Aureoles sobre la responsabilidad que tiene la federación de asumir, por completo, el pago de la nómina al magisterio y abandonar el (mal) llamado Acuerdo Nacional por la Modernización de la Educación Básica (o algo así como lo bautizaron, que para eso de los nombres rimbombantes nos pintamos solos).

La Corte ya admitió, dio entrada a la controversia constitucional y desde el inicio de esta semana corren los treinta días que el máximo tribunal del país dio al gobierno de la República para presentar sus respuestas.

Se conocerá la posición de la federación y las nuevas claves para el entendimiento. O desentendimiento y desencanto, a saber. Y a esperar.

Queda, pues, mucho por contar. Pero no eche las campanas al vuelo: nada será por una mejor educación, mayor infraestructura ni capacitación para maestras y maestros.

No se ve por dónde, la verdad. Ni con quién, ni para cuándo.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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