Foto: Aristegui Noticias

Ciudad de México – Aristegui Noticias

Con la “muerte” del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) que se construía en Texcoco, una de sus múltiples historias estuvo a punto de quedar sepultada bajo toneladas de tezontle, basalto y concreto: el hallazgo de una bomba Cooper de 20 libras con 100 años de antigüedad que fue necesario detonar “en sitio” por su falta de estabilidad.

La bNAU para edificar la losa de cimentación, indican dos reportes de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) entregados a Aristegui Noticias tras una solicitud de transparencia.

Los reportes de la CNS también revelan que tras el hallazgo del artefacto explosivo fue necesaria la intervención de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para determinar la antigüedad y el manejo de la bomba, dependencia que sólo contaba con tres expertos en la identificación de armamento de aviación tan antiguo.

El inusual descubrimiento provocó que el Ejército Mexicano movilizara a tres grupos distintos al lugar del incidente y que los primeros expertos que atendieron el llamado no pudieran definir el tipo exacto de armamento ni el método para desactivar el explosivo, lo que aumentó el nivel de riesgo para los trabajadores del ex NAIM y para los enviados de las fuerzas armadas encargados de controlar la situación.

Un primer grupo proveniente de la Base Militar de Santa Lucía llegó el 12 de agosto a las 15:50 horas, cuatro horas después del hallazgo, pero no pudieron hacer nada y se retiraron. Se trataba de elementos de tropa que no contaban con las herramientas ni la preparación necesaria para poder resolver la crisis de seguridad.

El 13 de agosto a las 10:45 horas, arribó un segundo grupo de elementos de la Sedena con más conocimiento en armas, pero especializados en artillería terrestre.

Un Coronel de Arma Blindada y un Oficial de Materiales de Guerra efectuaron un diagnóstico visual al artefacto y consideraron que este podría corresponder a una granada tipo aérea calibre 120 milímetros, “desconociendo el año de su fabricación”.

A las 14:40 horas de ese mismo día, los elementos del Ejército Mexicano rindieron su informe a sus mandos de la 37 Zona Militar y a las autoridades civiles presentes en el lugar del incidente.

Ante la falta de elementos para decidir, la orden fue clara: había que esperar a uno de los tres los expertos de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) que tendrían en sus manos la identificación y el destino de lo que en ese momento se creía una granada de alto calibre.

“Por instrucciones del General Bigadier, D.E.M. Rogelio Terán Contreras, Comandante a Cargo de la 37a Zona Militar, esperen el arribo de personal capacitado de la FAM, para tomar las acciones correspondientes para desactivar la granada, toda vez que la Sedena sólo cuenta con 03 personas capacitadas para la verificación, manipulación y desactivación de este tipo de granadas”, señala el parte oficial.

La alerta se prolongó por casi 56 horas y fue hasta la noche del 14 de agosto del 2017 a las 20:15 horas, cuando finalmente se pudo detonar el artefacto diseñado en los años previos a la Primera Guerra Mundial, sin que hubiera personas lesionadas ni daños materiales.

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