La explosión de la toma clandestina en un ducto de Pemex que cruza por el municipio de Tlahuelilpan, Hidalgo, debe ser considerada, analizada como un elemento de prueba, un indicio de que la delincuencia organizada que controla desde hace años el robo de combustible (huachicol) está dispuesta a declararle la guerra al Estado mexicano en defensa de sus intereses y millonarias ganancias.
Y como hay ductos por todo el país, centros y estaciones de almacenamiento y abastecimiento de gasolinas y bodegas donde los huachicoleros esconden bidones, tanques y pipas repletas de hidrocarburos hurtados, más vale que las autoridades federales desplieguen una mejor estrategia para el cuidado de las instalaciones y unidades de la industria petrolera; demanda debe ser, también, que las autoridades locales se sumen al combate contra el huachicol y se definan y apliquen acciones coordinadas y contundentes contra esta actividad delictiva.
Exigible es que los empresarios, en lugar de andar queriendo dar lecciones de (falsa) moralidad y consejos de (mal) gobierno, asuman la responsabilidad que tienen en el crecimiento de este ilícito, y en un histórico vuelco superen y dejen atrás las prácticas de corrupción que tanto daño han causado a la economía del país. La información que empieza a ser pública sobre el saqueo a Pemex desvela la gran trama del huachicol, de la que, por supuesto, no están exentos.
La explosión en Tlahuelilpan, pues, debe ser una fuerte llamada de atención para todos, ciudadanos incluidos que se han puesto al servicio de las bandas huachicoleras y que por necesidad, ignorancia y falta de oportunidades han quedado presas, rehenes de esta actividad.
Tlahuelilpan se convierte así en el punto de quiebre de la cruzada anunciada por el presidente Andrés Manuel López Obrador contra la mafia del huachicol y para el rescate y saneamiento de Petróleos Mexicanos.
A partir de este fin de semana, cambió el escenario y ahora sí: o se va a fondo contra los responsables de la crisis o al fondo se va el país y todas las promesas de cambio y de transformación de la vida pública.
¿Qué van a arrojar los resultados de las pesquisas en Tlahuelilpan? Pues para empezar hay muchos elementos, todos públicos y hasta grabados, que apuntalan la hipótesis de que se trató de una tragedia provocada; hay testimonios recogidos en los medios, incluso, que hablan de una convocatoria masiva a acudir por gasolina gratis. El gentío que se concentró en torno del tubo perforado fue alentado; la chispa que provocó la explosión y la tragedia pudo ser cualquiera.
Ahí está la principal pista, la duda que crece y perturba: en la convocatoria que se hizo a la población para acudir al ducto horadado y que inclusive llevó a la muerte a ciudadanos ajenos al huachicol, según los testimonios publicados.
Los videos y las crónicas son elocuentes: cientos y cientos de personas en una danza que terminó siendo tragedia. ¿De dónde vino la convocatoria? ¿Quiénes la planearon y ejecutaron?
Increíble resulta pensar en la casualidad. Imposible cuando hay 85 personas muertas.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







