Se hicieron muchos negocios, crecieron cuentas bancarias al amparo de la corrupción y el saqueo en Pemex, enjuicia el presidente Andrés Manuel López Obrador; y dirige, apunta el dedo acusador: los expresidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña “o fueron cómplices o se hicieron de la vista gorda”.
Al mismo tiempo, en una Corte Federal de Nueva York, en el juicio a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán Loera, un narco colombiano señala que Peña Nieto recibió sobornos por 100 millones de dólares del capo sinaloense, quien incluso habría financiado su campaña presidencial en 2012.
¿Que tienen en común ambas acusaciones? Que contribuyen ambas al morbo, a la desconfianza en las instituciones del país, al rechazo, a crear situaciones de miedo y pánico social; muy poco, sin embargo, contribuyen a la justicia, a generar confianza y al fortalecimiento del estado de derecho.
Con señalamientos de ese calibre, pero sin justicia, no queda nada y sirven para maldita la cosa; el escándalo mediático y en las redes sociales, están muy lejos de ser puntales de una democracia. No ahora, no así.
En cuanto a lo que ‘se dice’ de los expresidentes, pues que se abra una carpeta de investigación, se les indague en su gestión y se aclaren las cosas. Eso se hace en una democracia y en un sistema de sana impartición de justicia que, se supone, forman parte del gobierno que se dice y quiere de la Cuarta Transformación.
Porque ahí sí no queda claro: si no se les va a enjuiciar ni, si fuera el caso, a castigar después del tamaño del daño a la nación, pues entonces para que tanta acusación en público.
Dice el presidente López Obrador que no perseguirá a nadie porque eso no contribuye a la reconciliación; pero que es más dañino para la mentada reconciliación: un juicio apegado a derecho o un juicio en la plaza pública y en las redes sociales a gritos, ofensas, insultos y sombrerazos.
Todos contra todos. Y todos desconfiando de todos y de todo. ¿La justicia? Nada. Se impone el alarido de la ofensa y la maledicencia.
Y el llamado por algunos “juicio del siglo” contra ‘El Chapo’, no es más que la misma cantaleta ya conocida que un capo mexicano es extraditado o procesado en Estados Unidos. Cantaleta que no pasa del escándalo, porque jamás una autoridad mexicana ha investigado ninguna de las acusaciones que se han hecho contra funcionarios, militares y policías en las cortes estadounidenses.
Hagamos memoria: ¿han servido de algo las tantas revelaciones de los tantos testigos protegidos del sistema penal de Estados Unidos? Para las estrambóticas declaraciones de Donald Trump, sí, y para el rumor y los escándalos. Para efectos del combate a la corrupción y la impunidad, nada. Cero.
¿Cambiarán las cosas? Sería lo deseable. La justicia y el estado de derecho siguen en antesala.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







